Mas subía de la tierra un vapor, que regaba toda la faz de la tierra. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y trájola al hombre. Y dijo Adam: Esto es ahora hueso de mis huesos, y carne de mi carne: ésta será llamada Varona, porque del varón fué tomada. Por tanto, dejará el hombre á su padre y á su madre, y allegarse ha á su mujer, y serán una sola carne.

martes, 15 de noviembre de 2011

Puntos Sobresalientes – Eclesiastés 1 al 6.

Puntos Sobresalientes – Eclesiastés 1 al 6
                                                                
                                                                                         
                                           
*** it-1 pág. 730 Eclesiastés, Libro de ***
                                
El nombre hebreo Qo·hé·leth (que significa “Congregador; Agrupador; Juntador; Convocador”) describe con propiedad el papel que desempeñaba el rey en el gobierno teocrático de Israel. (Ec 1:1, 12.) La responsabilidad del gobernante consistía en mantener al pueblo dedicado de Jehová unido en fidelidad a su verdadero Rey y Dios. (1Re 8:1-5, 41-43, 66.) Por esta razón, lo que determinaba si un rey era bueno o malo para la nación era si dirigía o no a su pueblo en la adoración a Jehová. (2Re 16:1-4; 18:1-6.) El congregador, es decir, Salomón, ya había congregado a Israel y sus compañeros, los residentes temporales, en el templo. En este libro procuró congregar al pueblo de Dios para que evitara las obras vanas e infructíferas del mundo y efectuara las obras que eran dignas del Dios al que estaba dedicado como nación. El nombre que se usa en nuestras Biblias españolas se toma de la traducción que da la Versión de los Setenta griega de la palabra Qo·hé·leth, a saber, Ek·klē·si·a·stḗs (Eclesiastés), que significa “miembro de una eclesia [congregación; asamblea]”.
                                        
Escritor. Solo hubo un “hijo de David”, a saber, Salomón, que fue “rey sobre Israel en Jerusalén” (Ec 1:1, 12), pues los reyes posteriores a Salomón no reinaron sobre todo Israel. Salomón fue el rey conocido por su sabiduría incomparable. (Ec 1:16; 1Re 4:29-34.) Fue un gran edificador. (Ec 2:4-6; 1Re 6:1; 7:1- 8.) Compuso muchos proverbios (Ec 12:9; 1Re 4:32) y se hizo famoso por su riqueza.(Ec 2:4-9; 1Re 9:17-19; 10:4-10, 14-29.)
                                
w06 1/11 pág. 13 P. sobresalientes del libro de Eclesiastés
                                                
¿QUÉ COSAS NO SON VANIDAD?
                                                
“¡Todo es vanidad!”, exclama el congregador, para luego preguntar: “¿Qué provecho tiene el hombre en todo su duro trabajo en que trabaja duro bajo el sol?” (Eclesiastés 1:2, 3). “Vanidad” y “bajo el sol” son expresiones que se repiten en este libro. El término hebreo traducido “vanidad” quiere decir literalmente “aliento” o “vapor”, y transmite la idea de algo insustancial, sin permanencia ni valor perdurable. La fórmula “bajo el sol” significa “en la Tierra” o “en este mundo”. Así pues, todo es vanidad, entendiendo por “todo” el conjunto de los afanes del hombre que no tiene presente la voluntad de Dios.
                                                   
                        
*** su cap. 1 pág. 10 párrs. 11-13 ¿En qué irá a parar el planeta Tierra? ***
¿HASTA CUÁNDO PERMANECERÁ LA TIERRA?
11 ¿Se propone Dios destruir la Tierra y toda cosa viviente que hay en ella? Algunos astrónomos teorizan que con el tiempo nuestro Sol experimentará un engrandecimiento explosivo y se ensanchará hasta consumir la Tierra. Hay quienes razonan que, por la mismísima naturaleza del universo físico, tiene que llegar el tiempo en que el Sol ya no brille, y la Tierra ya no podrá sustentar vida. Pero ¿es correcto el razonamiento de estas personas? ¿Qué dice el Creador... Aquel que dio existencia a la energía y la materia, Aquel que dio origen a las leyes de las cuales depende nuestra existencia? (Job 38:1-6, 21; Salmo 146:3-6.)
12 Jehová hizo que el sabio rey Salomón escribiera por inspiración acerca de la duración de la vida del hombre en comparación con la duración de la Tierra misma. En Eclesiastés 1:4 Salomón escribió estas palabras: “Una generación está yéndose, y una generación está viniendo; pero la tierra está subsistiendo aun hasta tiempo indefinido”. La  historia humana da testimonio de la veracidad de esto. Aunque las generaciones de la humanidad han pasado en sucesión continua, la Tierra, el globo sobre el cual vivimos, sigue subsistiendo. Pero ¿por cuánto tiempo? Según la versión literal de la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras, será “hasta tiempo indefinido”. ¿Qué significa eso?
                        
13 La palabra hebrea ohlam, vertida aquí “tiempo indefinido”, básicamente significa un espacio de tiempo que, desde el punto de vista del presente, es indefinido o está oculto de la vista, pero es de larga duración. Eso puede significar para siempre. ¿Tiene ese significado en este caso, o significa esta expresión que quizá en algún tiempo indefinido en el futuro, ahora oculto para nosotros, la Tierra haya de tener fin? Algunas cosas que la Biblia dice que continuarían “hasta tiempo indefinido” sí terminaron al pasar el tiempo. (Compárese con Números 25:13; Hebreos 7:12.)
                
                
                
                                                
                                                
*** it-1 pág. 920 Fe ***
                                                
Del mismo modo, el granjero prepara su terreno y siembra la semilla, esperando, como lo ha hecho en los años anteriores, que la semilla brote y las plantas crezcan a medida que reciben el agua y la luz necesarias. Por lo tanto, la fe en la estabilidad de las leyes naturales que gobiernan el universo constituye el fundamento para los planes y las actividades del hombre. A esa estabilidad aludió el sabio escritor de Eclesiastés cuando dijo: “El sol también ha salido fulguroso, y el sol se ha puesto, y viene jadeante a su lugar de donde va a salir fulguroso. El viento va hacia el sur, y da la vuelta en movimiento circular hacia el norte. Él va girando y girando de continuo en forma de círculo,y sin demora vuelve el viento a sus movimientos circulares.Todos los torrentes invernales salen al mar;no obstante,el mar mismo no está lleno.Al lugar para donde salen los torrentes invernales,allí regresan para poder salir”.(Ec 1:5- 7.)
                                                
w06 1/11 pág. 13 P.sobresalientes del libro de Eclesiastés
                                                
1:4-10. ¿Por qué se dice que los ciclos naturales son “cosas [...] fatigosas”? El congregador menciona tan solo tres fenómenos que posibilitan la vida en la Tierra: el curso del Sol, las evoluciones del viento y el ciclo del agua. En realidad, los fenómenos naturales son muy numerosos y complejos; tanto, que podemos estudiarlos toda una vida sin llegar a comprenderlos, lo que puede convertirse en una ocupación ‘fatigosa’. Además, ¡qué triste es que la vida sea tan corta en comparación con estos ciclos, que se repiten sin cesar! Hasta las tentativas de realizar descubrimientos son agotadoras. Al fin y al cabo, toda innovación no hace más que aplicar algún principio que el Dios verdadero estableció y luego utilizó en la creación.
                                                
w87 1/3 págs. 25-28 Haciendo nuevas todas las cosas
                                                
“Aquel que estaba sentado en el trono dijo: ‘¡Mira! Estoy haciendo nuevas todas las cosas’. También, dice: ‘Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas’.” (REVELACIÓN 21:5.)
                                                
“NO HAY nada nuevo bajo el sol.” Eso fue lo que dijo el sabio rey Salomón. Seguidamente preguntó: “¿Existe cosa alguna de la cual se pueda decir: ‘Mira esto; es nuevo’?”. (Eclesiastés 1:9, 10.) ¿Cómo contestaríamos hoy esa pregunta?
                                                
¿No es cierto que la ciencia y la tecnología han producido muchas cosas nuevas durante este siglo XX? Considere el mundo de la transportación, con sus aviones de reacción, sus
                                        
                                                                                
*** it-1 pág. 730 Eclesiastés, Libro de ***
                                                                                        
El nombre hebreo Qo·hé·leth (que significa “Congregador; Agrupador; Juntador; Convocador”) describe con propiedad el papel que desempeñaba el rey en el gobierno teocrático de Israel. (Ec 1:1, 12.) La responsabilidad del gobernante consistía en mantener al pueblo dedicado de Jehová unido en fidelidad a su verdadero Rey y Dios. (1Re 8:1-5, 41-43, 66.) Por esta razón, lo que determinaba si un rey era bueno o malo para la nación era si dirigía o no a su pueblo en la adoración a Jehová. (2Re 16:1-4; 18:1-6.) El congregador, es decir, Salomón, ya había congregado a Israel y sus compañeros, los residentes temporales, en el templo. En este libro procuró congregar al pueblo de Dios para que evitara las obras vanas e infructíferas del mundo y efectuara las obras que eran dignas del Dios al que estaba dedicado como nación. El nombre que se usa en nuestras Biblias españolas se toma de la traducción que da la Versión de los Setenta griega de la palabra Qo·hé·leth, a saber, Ek·klē·si·a·stḗs (Eclesiastés), que significa “miembro de una eclesia [congregación; asamblea]”.
                                                
Escritor. Solo hubo un “hijo de David”, a saber, Salomón, que fue “rey sobre Israel en Jerusalén” (Ec 1:1, 12), pues los reyes posteriores a Salomón no reinaron sobre todo Israel. Salomón fue el rey conocido por su sabiduría incomparable. (Ec 1:16; 1Re 4:29-34.) Fue un gran edificador. (Ec 2:4-6; 1Re 6:1; 7:1- 8.) Compuso muchos proverbios (Ec 12:9; 1Re 4:32) y se hizo famoso por su riqueza.(Ec 2:4-9; 1Re 9:17-19; 10:4-10, 14-29.)
                                                
                                                
*** w97 15/2 pág. 9 párr. 8 ¿Qué propósito tiene la vida?                                                
Aun cuando la humanidad ha producido algunas personas que han conseguido la fama o han destacado por su belleza o talento, ¿dónde están ahora? Se fueron, y probablemente han caído en el olvido. Esta no es una manera de pensar pesimista. La mayoría de la gente ni siquiera conoce el nombre de sus bisabuelos ni sabe dónde nacieron y están enterrados. Podemos comprender por qué Salomón vio con realismo la vanidad de los esfuerzos y las tareas del hombre. (Eclesiastés 1:9-11.)
                                                
                                        
*** si pág. 112 párr. 4 Libro bíblico número 21: Eclesiastés                                                
Aunque en el libro no se menciona específicamente a Salomón, varios pasajes dan prueba muy convincente de que él es su escritor. El congregador se presenta como “el hijo de David” que “estaba de rey sobre Israel en Jerusalén”. Solo al rey Salomón podía aplicar esto, pues los que le sucedieron en Jerusalén fueron reyes sobre Judá solamente. Además, como escribe el congregador: “Yo mismo he aumentado mucho en sabiduría, más que cualquiera que, según sucedió, me antecedió en Jerusalén, y mi propio corazón vio muchísima sabiduría y conocimiento” (1:1, 12, 16). Eso cuadra con Salomón.
                                                        
w97 15/2 págs. 13-14 párr. 4 “Todo el deber del hombre”                                                
Salomón examinó profundamente ‘la ocupación de los hijos de la humanidad’. “Puse mi corazón a buscar y explorar la sabiduría con relación a todo cuanto se ha hecho bajo los cielos.” Cuando Salomón habló de “ocupación” no se refirió necesariamente a un trabajo o empleo, sino a todo el ámbito de las ocupaciones del hombre y la mujer a lo largo de su vida. (Eclesiastés 1:13.) Veamos algunas de las principales preocupaciones, u ocupaciones, y luego comparémoslas con nuestras propias actividades y prioridades.
                                                        
w97 15/2 pág. 18 párrs. 20-21 “Todo el deber del hombre”                                                
20 ¿A qué conclusión debemos llegar entonces? Pues bien, ¿a qué conclusión llegó Salomón? Él vio, o examinó, “todas las obras que se habían hecho bajo el sol, y, ¡mira!, todo era vanidad y un esforzarse tras viento”. (Eclesiastés 1:14.) En el libro de Eclesiastés no hallamos las palabras de un hombre cínico ni contrariado. Son parte de la Palabra inspirada de Dios y merecen que las examinemos.
                                                        
21 Salomón investigó el trabajo arduo del hombre, sus desventuras y aspiraciones. Reflexionó en lo que resulta normalmente la vida, la frustración y el vacío que experimentan tantas personas. Analizó la realidad de la imperfección humana y de la muerte que esta trae consigo. Y también incluyó el conocimiento que Dios le concedió sobre la condición de los muertos y la perspectiva de volver a vivir en el futuro. Todo ello lo evaluó un hombre a quien Dios potenció su sabiduría, sí, uno de los hombres más sabios de la historia. Posteriormente, la conclusión a la que llegó se incorporó en las Sagradas Escrituras para beneficio de todos aquellos que desean que su vida tenga verdadero significado. ¿No deberíamos concordar con ella?
                                                        
*** w08 15/4 pág. 21 párr. 4 ¿Qué le da valor a la vida?
                                                        
En ocasiones, Salomón utiliza la palabra “vanidad” con un sentido paralelo al de “esforzarse tras [el] viento” (Ecl. 1:14; 2:11). Es obvio que todo intento de atrapar el viento es inútil. Quien trate de hacerlo acabará con las manos vacías, tal como acabará cualquiera que persiga metas vanas. Y esta vida es demasiado corta para desperdiciarla en actividades que nos dejen con las manos vacías.
                                                        
 w99 1/5 págs. 28-29 ¿Son “torcidos” los caminos de Dios? “Lo que se hace torcido no se puede enderezar.” (Eclesiastés 1:15.)
¿Fue Dios quien hizo torcidas las cosas? Es obvio que no. Eclesiastés 7:29 señala: “Dios [...] hizo a la humanidad recta, pero ellos mismos han buscado muchos planes”. La versión del Pontificio Instituto Bíblico dice: “Dios hizo recto al hombre, mas ellos se buscaron muchas perversiones”. En vez de adherirse a las normas justas de Dios, la mayoría de las personas han optado voluntariamente por tramar sus propios planes, conspiraciones, estratagemas o caminos, en perjuicio de sí mismas (1 Timoteo 2:14).
                                                                                                
También, como observó el apóstol Pablo, debido al pecado de la humanidad “la creación fue sujetada a futilidad” (Romanos 8:20). Y esta situación no la “puede enderezar” el hombre por mucho que se esfuerce. Solo gracias a la intervención divina se podrá eliminar todo lo torcido y fútil de este mundo.
        
                                                
*** w77 15/3 pág. 168 ¿Qué quiso decir el sabio? ***                                                
EL REY Salomón fue uno de los hombres más sabios que han vivido. Hablando con veracidad, pudo decir: “Yo mismo he aumentado mucho en sabiduría más que cualquiera que se hallaba antes de mí en Jerusalén, y mi propio corazón vio muchísima sabiduría y conocimiento.” (Ecl. 1:16) Al decir que su “propio corazón vio muchísima sabiduría y conocimiento,” evidentemente Salomón quiso decir que tenía más que solo un cerebro lleno de mucha información. La sabiduría y el conocimiento habían afectado su corazón y habían llegado a formar parte de él. Él comprendía el valor de estas cosas y se sentía movido a usar su conocimiento y sabiduría.
                                                        
Salomón no dejó sin explorar ningún aspecto mientras llegaba a conocer la sabiduría. Comenta:“Puse mi corazón a buscar y explorar la sabiduría con relación a todo cuanto se ha hecho bajo los cielos. . . . Procedí a dar mi corazón a conocer la sabiduría y a conocer la locura, y he llegado a conocer la tontería.” (Ecl. 1:13, 17) Salomón se sintió incitado a ser diligente, de todo corazón, en sus esfuerzos por llegar a estar íntimamente familiarizado con la sabiduría. No se limitó a investigar los mandatos y dictados de la sabiduría, sino que también exploró la locura y la tontería. Observó cuidadosamente cómo otros hombres seguían un proceder de locura e insensatez. Basándose en lo que vio, Salomón llegó a sólidas conclusiones en cuanto a cómo evitar problemas.
                                                        
¿Qué aprendió de su investigación cabal de todos los aspectos del conocimiento y la sabiduría mundanos? “Esto también es un esforzarse tras viento. Porque en la abundancia de sabiduría hay abundancia de vejación, de modo que el que aumenta el conocimiento aumenta el dolor.”—Ecl. 1:17, 18. Como señaló Salomón, una razón fundamental de esto es: “Lo que se hace torcido no se puede hacer derecho, y lo que falta absolutamente no se puede contar.” (Ecl. 1:15) La persona que aumenta en conocimiento mundano llega a estar dolorosamente consciente del hecho de que muchas cosas ‘torcidas’ de este sistema imperfecto no se pueden enderezar. Ni el tiempo ni las circunstancias permiten que eso sea corregido. De hecho, tantas son las cosas de los asuntos humanos que son defectuosas que ni siquiera se pueden numerar. Por lo tanto, mientras mayor es el conocimiento y sabiduría de uno, más agudo se hace su conocimiento de lo limitadas que son sus oportunidades de cambiar las cosas y producir condiciones mejores. Una vida corta y las condiciones desfavorables que rigen en una sociedad humana imperfecta obran contra uno. Como resultado de esto hay vejación y frustración.
                                                        
Sin embargo, la sabiduría divina no produce estos efectos negativos, sino que edifica esperanza, fe y confianza. Esa sabiduría se describe de este modo en las Escrituras: “La sabiduría de arriba es primeramente casta, luego pacífica, razonable, lista para obedecer, llena de misericordia y buenos frutos, sin hacer distinciones por parcialidad, sin ser hipócrita.” (Sant. 3:17) ¿A qué clase de sabiduría está usted dando la mayor atención... a la clase que acarrea frustración, o a la sabiduría divina, la clase de sabiduría que puede ayudarle a obtener lo óptimo de la vida aun ahora?
                                                
                                                                        
                                                                        
PREGUNTA 2 DEL REPASO DE LA ESCUELA
                                                                
¿Qué clase de “regocijo” deja a la gente sintiendose vacıa y sin sentido? (Ecl. 2:1.[g 4/06 pag. 6 parrs. 1, 2.]
                                                                
El rey Salomón hizo una investigación sobre los placeres, con la intención de ver si encerraban el secreto de la felicidad. Dijo: “Voy a divertirme y a probar los placeres y todo lo que es darse la gran vida”. Este adinerado monarca no exploró tan solo algún que otro placer, sino que se dio “la gran vida”, y luego mencionó a qué conclusión había llegado: “Esto tampoco resultó tener sentido” (Eclesiastés 2:1, PDT).
                                                                
En efecto, los que viven entregados al placer suelen terminar descubriendo que esa vida resulta vacía y sin sentido.
                                                                
De hecho, algunos estudios han comparado la satisfacción que producen los placeres de “la gran vida” con la satisfacción que se obtiene con cosas como un trabajo significativo, las actividades espirituales y una buena relación de familia. ¿Cuáles han sido los resultados? La búsqueda afanosa del placer fue el factor que menos repercutía en la sensación general de felicidad de los entrevistados.                                        
                                                        
*** w77 15/6 pág. 378-379 ¿Qué quiso decir el sabio? ***
                                                        
El buscar los placeres y la cultura produce galardones limitados
El rey Salomón descubrió que la adquisición de sabiduría y conocimiento mundanos no era una meta satisfactoria. Por esta razón exploró otros aspectos de la vida, incluso el placer y la cultura.
                                                        
¿Halló Salomón verdadera satisfacción en el placer, el regocijo y la risa? Escribió: “Dije yo, yo mismo, en mi corazón: ‘De veras ven ahora, déjame probarte con regocijo. También, ve lo bueno.’ Y, ¡mira! eso también era vanidad. Le dije a la risa: ‘¡Demencia!’ y al regocijo: ‘Esto, ¿qué logra?’”—Ecl. 2:1, 2. Fue en vano que Salomón acudiera a la diversión festiva y la risa en busca de algo que valiera la pena. En sí la búsqueda del placer no produce felicidad verdadera y duradera. La risa y el regocijo pueden contribuir transitoriamente a que uno se olvide de sus problemas. Pero los problemas no desaparecen y, después de terminada la diversión, puede ser que, en contraste, descuellen más todavía. Correctamente pudo decir Salomón que la risa era “demencia,” pues la risa irreflexiva oscurece el juicio sano. Puede hacer que uno tome a la ligera asuntos muy serios y así ofenda o irrite a otros. La diversión alegre o la clase de regocijo que está asociada con las palabras y acciones de algún bufón de corte en realidad no monta a nada. No se puede señalar que produzca nada tangible y significativo.
                                                        
No complacido con los resultados del placer, la diversión festiva y risa, Salomón probó el efecto del vino. Continúa: “Exploré con mi corazón por medio de alegrar mi carne aun con vino, mientras conducía mi corazón con sabiduría, aun para echar mano de la tontería hasta que viese yo qué bien había para los hijos de la humanidad en lo que hacían bajo los cielos por el número de los días de su vida.” (Ecl. 2:3) En el uso del vino Salomón se dejó guiar por la sabiduría, por el buen sentido. No se hizo un borracho, sino que mantuvo gobierno de sí mismo. Su “echar mano de la tontería,” por lo tanto, no quiso decir que echó la moderación al viento. Más bien, en su investigación del lado menos serio de la vida se controló y por eso no llegó a ser un disipado buscador de placeres. Porque Salomón retuvo la plena posesión de sus sentidos, pudo evaluar apropiadamente sus hallazgos.
                                                        
Al describir otras actividades en las cuales participó, declara: “Me ocupé en mayores obras. Me edifiqué casas; me planté viñas. Me hice jardines y parques, y en ellos planté árboles frutales de toda suerte. Me hice estanques de agua, para regar con ellos el bosque, en que brotaban árboles. Adquirí siervos y siervas, y llegué a tener hijos de la casa. También, ganado, vacadas y rebaños en gran cantidad llegué a tener yo, más que todos los que se hallaron antes de mí en Jerusalén. Acumulé también para mí plata y oro, y propiedad propia de reyes y de los distritos jurisdiccionales. Me hice cantores y cantoras y los deleites exquisitos de los hijos de la humanidad, una dama, sí, damas. Y llegué a ser mayor y aumenté más que cualquiera que
se hallara antes de mí en Jerusalén. Además, mi propia sabiduría permaneció mía. Y nada de lo que mis ojos pidieran mantuve yo alejado de ellos. No detuve mi corazón de ninguna clase de regocijo, pues estaba gozoso mi corazón a causa de todo mi duro trabajo, y ésta vino a ser mi porción de todo mi duro trabajo.”—Ecl. 2:4-10.
                                                        
Puesto que ocupaba el puesto de rey, Salomón tenía a su alcance los haberes que le permitían efectuar cualquier cosa que deseara. Sin embargo, no abandonó la sabiduría en la búsqueda de obras apropiadas y cultura... arquitectura, horticultura, embellecimiento de parques y música. Por consiguiente, Salomón no agotó sus recursos financieros, sino que siguió acumulando más oro y plata. Su ‘sabiduría permaneció suya,’ y guió sus numerosas actividades. También derivó cierto placer de lo que pudo efectuar. Pero ¿descubrió realmente Salomón en estas búsquedas variadas lo que era de valor duradero en la vida? Su respuesta fue: “Yo, yo mismo, me volví hacia todas las obras mías que habían hecho mis manos y hacia el duro trabajo que había trabajado duro para lograr, y, ¡mira! todo era vanidad y un esforzarse tras viento, y no había nada que sirviese de ventaja bajo el sol.” (Ecl. 2:11) Sí, hasta en lo que se pudiera considerar empeños que valen la pena, Salomón percibió una sensación de vacío, de vanidad. Se dio cuenta de que la muerte lo alcanzaría y no habría modo de saber qué llegaría a ser de todo su duro trabajo.—Ecl. 2:17-19. Verdaderamente la búsqueda de placer y cultura en sí no le asegura a uno una vida feliz, contenta. En realidad, con el tiempo el que lleva una vida que tiene como centro esto pudiera llegar a comprender que su vida es muy vacía y que necesita alimento espiritual.
                        
                                
Bendiciones por no desquitarse
                                                        
● De Jesús la Biblia nos dice: “Cuando lo estaban injuriando, no se puso a injuriar en cambio. Cuando estaba sufriendo, no se puso a amenazar.” (1 Ped. 2:23) Los que imitan a Jesús en no desquitarse han recibido abundantes bendiciones.
                                                        
Eso fue lo que le sucedió a una joven de Nigeria que participaba por primera vez con los testigos de Jehová en predicar en público. Cuando se le informó que el inquilino de cierta casa se oponía enconadamente a la verdad, ella todavía quiso hablarle. ¿Qué sucedió?
                                                        
El amo de casa echó mano de un recipiente de aceite de palma y le arrojó el aceite. Este le salpicó en la cara, la ropa y la bolsa. Sin decir una sola palabra, ella se puso a quitarse el aceite de la cara. Pasaron unos minutos. Al observar la actitud apacible de la joven, el hombre se sintió un poco avergonzado. Le pidió que le dijera exactamente por qué visitaba su casa. Esta vez él prestó atención.
                                                        
Poco tiempo después de eso se inició con él un estudio bíblico. Hoy él, también, participa en predicar en público como testigo bautizado de Jehová.
En el mismo país, un testigo de Jehová estaba ofreciendo literatura a la gente cuando uno que pretendía ser “profeta cristiano” se le acercó. Este hombre le arrebató al Testigo la literatura y la despedazó. El Testigo no dijo nada, sino que se agachó y recogió los pedazos y entonces los echó en su maletín. Un hombre que había observado todo esto le habló entonces al Testigo y dijo: “Yo estuve en la calle observando lo que nuestro profeta le hizo a usted, pero usted no dijo ni una sola palabra de injuria.” Después de darle encomio al Testigo, continuó: “Estoy dispuesto a hacerme uno de ustedes desde hoy en adelante.” Cumplió con su palabra y hoy está compartiendo la verdad bíblica con sus vecinos.
                                                        
Verdaderamente, el imitar el ejemplo de Jesús y no desquitarse tiene buen efecto en las personas de corazón sincero y honrado.
                                                        
*** w77 1/7 pág. 398-399 ¿Qué quiso decir el sabio? ***
                                                
¿Qué puede uno hacer en comparación con un rey?
                                                
El rey Salomón efectuó una investigación cuidadosa de los asuntos humanos. Tuvo el tiempo, los haberes y la perspicacia para ser cabal en su investigación. Es por eso que uno puede obtener inconmensurable provecho al repasar los hallazgos de Salomón según se registran en el libro de Eclesiastés.
                                                
Llamando la atención a la inutilidad de que otros se esfuercen por emprender un estudio similar, el sabio escribe: “Yo, yo mismo, me volví para ver la sabiduría y la locura y la tontería; pues ¿qué puede hacer el hombre terrestre que venga detrás del rey? La cosa que la gente ya ha hecho.” (Ecl. 2:12) Sí, con muchos menos recursos y ventajas que los de un rey, ¿qué puede hacer el hombre común? Si él tratara de hacer lo que hizo Salomón solo estaría abarcando algodel mismo terreno, estaría haciendo lo que la gente ya ha hecho. No se aprendería nada nuevo en cuanto a lo que hace que la vida sea verdaderamente satisfactoria.
                                                
Entonces, ¿qué estableció Salomón? Él continúa: “Vi, yo mismo, que existe más ventaja para la sabiduría que para la tontería, tal como hay más ventaja para la luz que para la oscuridad.” (Ecl. 2:13) La persona que tiene sabiduría sin duda está en mejores condiciones que la que carece de ella. La sabiduría hace que el individuo se enfrente a los problemas de la vida y use sus energías y habilidades con más propósito que si tuviese perspicacia muy limitada. Se puede lograr mucho más en la luz que en la oscuridad total.
                                                
“Respecto al sabio,” escribió Salomón, “tiene sus ojos en su cabeza; pero el estúpido va andando en pura oscuridad.” (Ecl. 2:14) El sabio mantiene abiertos los ojos. Están en su “cabeza” en el sentido de que suministran servicio a sus facultades intelectuales. Por eso puede comprender un asunto y no tropieza y cae en esfuerzos fútiles por alcanzar cierta meta. Sin embargo, el estúpido está en oscuridad; sus ojos están cerrados y no le son de valor alguno para que él discierna el proceder correcto que debe emprender.
                                                
Sin embargo, la ventaja de la sabiduría sobre la tontería no significa que la sabiduría humana puede traer felicidad genuina y satisfacción duradera. Esto es lo que enseguida reconoció Salomón: “He llegado a saber, yo también, que hay un mismo suceso resultante que les sucede a todos ellos. Y yo mismo dije en mi corazón: ‘Un suceso resultante como el del estúpido me sucederá a mí, sí, a mí.’ ¿Por qué, entonces, me había hecho yo sabio, yo en demasía en aquel tiempo? Y hablé en mi corazón: ‘Esto también es vanidad.’ Pues no hay más recuerdo del sabio que del estúpido hasta tiempo indefinido. En los días que ya están entrando, todos ciertamente quedan olvidados; y ¿cómo morirá el sabio? Junto con el estúpido.” (Ecl. 2:14-16) De modo que, en lo que toca a la muerte, aparentemente no hay beneficio en tener sabiduría mundana. Todas las obras y actividades de uno quedan reducidas a nada. Finalmente los vivos olvidan a la persona muerta sin importar lo sabia que haya sido.
                                                
Pero ¿no hay ventaja en que una persona pueda dejar una herencia para su prole como resultado de haber usado sabiamente sus recursos? Esto, también, es algo de lo que nadie puede estar seguro. Comenta Salomón: “Odié la vida, porque el trabajo que se ha hecho bajo el sol era calamitoso desde mi punto de vista, porque todo era vanidad y un esforzarse tras viento. Y yo, yo mismo, odié todo mi trabajo duro en que estaba trabajando duro bajo el sol, que dejaría atrás para el hombre que llegaría a ser después de mí. ¿Y quién hay que sepa si resultará ser sabio o tonto? Sin embargo él asumirá el control de todo mi trabajo duro en que trabajé duro y en el que mostré sabiduría bajo el sol. Esto también es vanidad. Y yo mismo me volví para hacer desesperar mi corazón por todo el duro trabajo en que yo había trabajado duro bajo el sol. Porque existe el hombre cuyo duro trabajo ha sido con sabiduría y con conocimiento y con pericia sobresaliente, pero a un hombre que no ha trabajado duro en tal cosa se le dará la porción de aquél. Esto también es vanidad y una calamidad grande.”—Ecl. 2:17-21.
                                                
En realidad no hay manera de saber exactamente qué le sucederá a la herencia que uno deje. Los que reciban la herencia, por no haber trabajado duro por ella, quizás no aprecien su valor y pronto lo malgasten todo. ¿De qué provecho, entonces, sería todo el trabajo duro que se dedicó a la adquisición de posesiones? Peor todavía es la situación si el que trabajó duro sufrió mucho dolor y vejación y no pudo ni siquiera obtener un buen descanso durante la noche debido a todas sus preocupaciones e inquietudes. Salomón lo expresó de la manera siguiente: “Pues ¿qué llega a tener un hombre por todo su duro trabajo y por el esfuerzo de su corazón con que está trabajando duro bajo el sol? Porque todos sus días su ocupación significa dolores y vejación, también durante la noche su corazón simplemente no se acuesta. Esto también es mera vanidad.”—Ecl. 2:22, 23.
                                                
Tomando en cuenta esta situación, ¿qué se puede hacer? Contesta Salomón: “En cuanto al hombre no hay nada mejor que el que coma y en realidad beba y haga que su alma vea el bien a causa de su duro trabajo. Esto también lo he visto, yo mismo, que esto proviene de la mano del Dios verdadero. Pues ¿quién come y quién bebe mejor que yo?” (Ecl. 2:24, 25) Uno debe disfrutar de los frutos de su trabajo durante su vida. Por supuesto, es natural que los padres también piensen en sus hijos. Escribió el apóstol cristiano Pablo: “Los hijos no deben ahorrar para los padres, sino los padres para los hijos.” (2 Cor. 12:14) Sin embargo, esto no significa que los padres deben acumular posesiones materiales para sus hijos al grado de privarse ellos mismos de las cosas necesarias de la vida o hacer innecesariamente austera su vida. Es necesario que los padres tengan presente que, prescindiendo de lo buenos o sabios que sean sus hijos, todavía las posesiones materiales son cosas que se pueden perder, que pueden ser hurtadas, de las cuales se puede abusar, o que pueden ser destruidas. De modo que verdaderamente es mejor disfrutar de las cosas buenas de manera sana mientras uno puede, en vez de exagerar en cuanto a acumular posesiones para los hijos sin obtener algún provecho verdadero de estas posesiones durante la propia vida de uno.
                                                
La “sinagoga de los Libertos”
■ Entre los que disputaron con Esteban estuvieron hombres de la “llamada sinagoga de los Libertos.” (Hech. 6:9) ¿Quiénes pudieran haber sido estos hombres? Un liberto era un esclavo emancipado. Por consiguiente, es posible que los que se asociaban con la “sinagoga de los Libertos” hayan sido esclavos libertos que se hubieran hecho prosélitos judíos, o judíos que hubieran sido tomado cautivos por los romanos pero que posteriormente hubieran sido puestos en libertad.
                                                
*** w77 15/7 pág. 441 ¿Qué quiso decir el sabio? ***                                                
Dios da al justo y al inicuo
                                                
Tocante a lo que Dios da al justo y al inicuo, dice Eclesiastés 2:26: “Al hombre que es bueno ante él le ha dado sabiduría y conocimiento y regocijo, pero al pecador le ha dado la ocupación de recoger y reunir meramente para dar al que es bueno ante el Dios verdadero.”
                                                
El hombre bueno, por aplicar las pautas que provee el Creador, se hace sabio e informado. Se pone en condición de usar sus haberes y aptitudes en armonía con la sabiduría y el conocimiento, y esto contribuye a su felicidad. Si no fuese por su relación con Dios, no tendría esta sabiduría, conocimiento y gozo genuinos. Por eso se puede decir de veras que Jehová Dios le ha dado “sabiduría y conocimiento y regocijo.”
                                                        
w99 1/10 págs. 5-10 “Para todo hay un tiempo señalado”
                                                
“Para todo hay un tiempo señalado, aun un tiempo para todo asunto bajo los cielos.” (ECLESIASTÉS 3:1.)
LA GENTE suele decir: “Debí hacerlo antes”. O, posiblemente con la perspectiva del tiempo transcurrido: “Debí haber esperado”. Tales reacciones demuestran la dificultad que tiene el ser humano imperfecto de determinar el momento preciso en el que debe actuar. Esta limitación ha roto relaciones. Ha causado desilusión y frustración. Y peor aún, ha debilitado la fe de algunas personas en Jehová y en su organización.
                                                
Puesto que Jehová tiene la sabiduría y la comprensión que le falta al ser humano, es capaz de preconocer, si así lo desea, el resultado de todas las acciones. Puede saber “desde el principio el final” (Isaías 46:10). De manera que le es posible escoger infaliblemente el tiempo más oportuno para hacer todo cuanto desea. Por lo tanto, en vez de confiar en nuestro imperfecto sentido del tiempo, es prudente que aceptemos los tiempos señalados que Jehová ha determinado.
                                                
Por ejemplo, los cristianos maduros esperan lealmente el tiempo señalado de Jehová para el cumplimiento de ciertas profecías bíblicas. Se mantienen ocupados en su servicio, siempre teniendo bien presente el principio de Lamentaciones 3:26: “Bueno es que uno espere, aun callado, la salvación de Jehová” (compárese con Habacuc 3:16). Al mismo tiempo, están convencidos de que la ejecución de la sentencia anunciada por Jehová, “aun si tardara, [...] sin falta se realizará. No llegará tarde” (Habacuc 2:3).
                                                
Por otra parte, si no entendemos completamente algunos textos bíblicos o algunas explicaciones que se han dado en las publicaciones Watch Tower, ¿tenemos razón para impacientarnos? El proceder de la sabiduría es esperar el tiempo señalado de Jehová para aclarar los asuntos. “Porque el Señor Soberano Jehová no hará ni una cosa a no ser que haya revelado su asunto confidencial a sus siervos los profetas.” (Amós 3:7.) ¡Qué promesa tan maravillosa! Pero debemos ser conscientes de que Jehová revela sus asuntos confidenciales cuando él lo considera conveniente. Para este propósito ha autorizado al “esclavo fiel y discreto” a dar a Su pueblo “su alimento [espiritual] al tiempo apropiado” (Mateo 24:45). Por lo tanto, no tenemos razón para preocuparnos demasiado ni inquietarnos porque algunos asuntos no se hayan explicado del todo. Por el contrario, podemos tener la confianza de que si esperamos pacientemente en Jehová, él proveerá mediante el esclavo fiel lo que sea necesario “al tiempo apropiado”.
                                                
El sabio rey Salomón habló de veintiocho diferentes actividades, cada una de las cuales tiene su “tiempo señalado” (Eclesiastés 3:1-8). Entender el significado y las implicaciones de lo que Salomón dijo nos ayudará a determinar, según el punto de vista de Dios, cuál es el tiempo debido y el indebido para ciertas acciones (Hebreos 5:14). Así podremos moldear nuestra vida en consecuencia.
                                                
“Tiempo de llorar y tiempo de reír”
                                                
Aunque hay “tiempo de llorar y tiempo de reír”, ¿quién no prefiere este a aquel? (Eclesiastés 3:4.) Lamentablemente vivimos en un mundo que nos da razones principalmente para llorar. Las noticias deprimentes dominan los medios de comunicación. Oímos con horror de jóvenes que matan a tiros a sus condiscípulos, de padres que abusan de sus hijos, de terroristas que matan o mutilan a víctimas inocentes y de los desastres llamados naturales que destruyen la vida humana y las propiedades. Niños desnutridos con los ojos hundidos y refugiados expatriados procuran captar nuestra atención en la pantalla del televisor. Términos que antes eran poco usuales, como limpieza étnica, sida, guerra bacteriológica y El Niño, ahora crean ansiedad en nuestra mente y corazón, cada uno a su propia manera.
No cabe duda, en el mundo hoy abundan las tragedias y el dolor. No obstante, como para minimizar la seriedad de la situación, la industria del entretenimiento acostumbra a ofrecer diversiones frívolas, de mal gusto y a menudo inmorales y violentas, concebidas para inducirnos a pasar por alto el sufrimiento ajeno. Pero la actitud despreocupada del bromear tonto y la risa frívola que tal entretenimiento genera no debe confundirse con el gozo verdadero. El gozo que es fruto del espíritu de Dios es algo que el mundo de Satanás sencillamente no puede producir (Gálatas 5:22, 23; Efesios 5:3, 4).
Si reconocemos el deplorable estado del mundo, entenderemos que ahora no es tiempo de dar prioridad a la risa. No es tiempo de vivir solo para la recreación y el entretenimiento o permitir que la “diversión” se anteponga a los asuntos espirituales (compárese con Eclesiastés 7:2-4). “Los que hacen uso del mundo” deberían ser “como los que no lo usan a plenitud”, dijo el apóstol Pablo. ¿Por qué? Porque “la escena de este mundo está cambiando” (1 Corintios 7:31). Los cristianos verdaderos viven todos los días reconociendo plenamente la seriedad de los tiempos en los que se hallan (Filipenses4:8).
Felices aunque lloran
La gente que vivía en el tiempo del Diluvio mundial no concedía a la vida la seriedad que merece. Seguía con sus hábitos cotidianos y no lloraba por “la maldad del hombre [que] abundaba en la tierra”; al contrario, veía con indiferencia el hecho de que la “tierra se [llenara] de violencia” (Génesis 6:5, 11). Jesús se refirió a aquella lamentable situación, y predijo que la gente de hoy en día tendría una actitud similar, al advertir: “Como en aquellos días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, los hombres casándose y las mujeres siendo dadas en matrimonio, hasta el día en que Noé entró en el arca; y no hicieron caso hasta que vino el diluvio y los barrió a todos, así será la presencia del Hijo del hombre” (Mateo 24:38, 39).
10 Unos mil ochocientos cincuenta años después del Diluvio, en los días de Ageo, muchos israelitas demostraron una falta similar de interés serio por los asuntos espirituales. Estaban absortos en sus intereses personales y no reconocieron que vivían en un tiempo en el que debían dar prioridad a los intereses de Jehová. Leemos: “En lo que respecta a este pueblo, han dicho: ‘El tiempo no ha llegado, el tiempo de la casa de Jehová, para que sea construida’. Y la palabra de Jehová continuó viniendo mediante Ageo el profeta, y dijo: ‘¿Es tiempo para que ustedes mismos moren en sus casas revestidas de paneles, mientras que esta casa está desechada? Y ahora, esto es lo que ha dicho Jehová de los ejércitos: “Pongan su corazón en sus caminos”’” (Ageo 1:1-5).
11 Como testigos de Jehová de la actualidad, con responsabilidades y privilegios ante Jehová similares a los que tuvieron los israelitas del tiempo de Ageo, también hacemos bien en tomar muy en serio nuestro modo de vivir. ¿‘Lloramos’ por las condiciones mundiales y el oprobio que causan al nombre de Dios? ¿Nos duele que la gente niegue la existencia de Dios o pase por alto descaradamente sus justos principios? ¿Reaccionamos como las personas marcadas que vio Ezequiel en una visión hace dos mil quinientos años? Acerca de estas, leemos: “Jehová pasó a decirle [al hombre que llevaba un tintero de escribano]: ‘Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y tienes que poner una marca en las frentes de los hombres que están suspirando y gimiendo por todas las cosas detestables que se están haciendo en medio de ella’” (Ezequiel 9:4).
12 La importancia de este relato para nosotros hoy se hace evidente cuando leemos las instrucciones que se dieron a los seis hombres que llevaban armas para destrozar: “Pasen por la ciudad detrás de él y hieran. No se sienta apenado su ojo, y no sientan ninguna compasión. A viejo, joven y virgen y niñito y mujeres deben matar... hasta arruinamiento. Pero no se acerquen a ningún hombre sobre el cual esté la marca, y desde mi santuario deben comenzar” (Ezequiel 9:5, 6). Nuestra supervivencia en la gran tribulación ya muy cercana depende de que reconozcamos que hoy es tiempo principalmente de llorar. 13 El hecho de que los siervos de Jehová ‘lloren’ por el deplorable estado de los asuntos mundiales no impide de ningún modo que se sientan felices. Por el contrario, hoy constituyen el grupo de gente más feliz de la Tierra. Jesús indicó cuál era la verdadera medida de la felicidad cuando dijo: “Felices son los que tienen conciencia de su necesidad espiritual, [...] los que se lamentan, [...] los de genio apacible, [...] los que tienen hambre y sed de justicia, [...] los misericordiosos, [...] los de corazón puro, [...] los pacíficos, [...] los que han sido perseguidos por causa de la justicia” (Mateo 5:3-10). Hay abundantes pruebas de que esta descripción encaja con los testigos de Jehová en conjunto, mejor que con cualquier otra organización religiosa.
                                                
14 Especialmente desde la restauración de la adoración verdadera en 1919, el pueblo feliz de Jehová ha tenido razón para “reír”. Ha compartido en sentido espiritual la emocionante experiencia de los israelitas que regresaron de Babilonia en el siglo VI a.E.C.: “Cuando Jehová recogió de vuelta a los cautivos de Sión, nos pusimos como los que estaban soñando. En aquel tiempo nuestra boca se llenó de risa, y nuestra lengua de clamor gozoso. [...] Jehová ha hecho una cosa grande en lo que ha hecho con nosotros. Nos hemos puesto gozosos” (Salmo 126:1-3). De todos modos, pese a vivir en un ambiente de risa en sentido espiritual, los testigos de Jehová son prudentes y tienen presente la seriedad de los tiempos. Cuando el nuevo mundo se haya hecho realidad y los habitantes de la Tierra se hayan asido “firmemente de la vida que realmente lo es”, habrá llegado el tiempo en el que la risa reemplazará al lloro por toda la eternidad (1 Timoteo 6:19; Revelación [Apocalipsis] 21:3, 4). “Tiempo de abrazar y tiempo de mantenerse alejado de los abrazos”
                                                
15 Los cristianos escogen con cuidado a sus amigos. Tienen presente la advertencia de Pablo: “No se extravíen. Las malas compañías echan a perder los hábitos útiles” (1 Corintios 15:33). Y el sabio rey Salomón dijo: “El que está andando con personas sabias se hará sabio, pero al que está teniendo tratos con los estúpidos le irá mal” (Proverbios 13:20).
                                                
16 Los siervos de Jehová escogen como amigos a personas que tienen el mismo amor a Jehová y su justicia que ellos. Aunque valoran la compañía de sus amigos y disfrutan de ella, evitan prudentemente el punto de vista permisivo y demasiado liberal sobre el noviazgo que es común en muchos países hoy en día. No lo consideran una diversión inofensiva, sino un paso serio que conduce al matrimonio, paso que solo debe darse cuando se está preparado física, mental y espiritualmente —así como bíblicamente libre— para formalizar un compromiso permanente (1 Corintios 7:36).
                                                
17 A algunos les puede parecer anticuado este criterio sobre el noviazgo y el matrimonio. Pero los testigos de Jehová no permiten que la presión de grupo influya en su elección de amigos ni en sus decisiones sobre el noviazgo y el matrimonio. Saben que “la sabiduría queda probada justa por sus obras” (Mateo 11:19). Jehová siempre sabe lo que es mejor, de modo que toman muy en serio su consejo de casarse “solo en el Señor” (1 Corintios 7:39; 2 Corintios 6:14). No se casan precipitadamente con la idea equivocada de que el divorcio o la separación son opciones aceptables en el caso de que la relación fracase. Se toman el tiempo para hallar la pareja adecuada, pues reconocen que cuando ofrecen los votos matrimoniales, les es aplicable la ley de Jehová: “De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Por lo tanto, lo que Dios ha unido bajo un yugo, no lo separe ningún hombre” (Mateo 19:6; Marcos 10:9).
                                                
18 El matrimonio es un compromiso para toda la vida que merece una planificación cuidadosa. Es lógico que el hombre se pregunte: “¿Es ella realmente la persona apropiada para mí?”. Pero, igualmente importante, debería preguntarse también: “¿Soy yo realmente la persona apropiada para ella? ¿Soy un cristiano maduro que pueda atender sus necesidades espirituales?”. Ambos tienen la obligación ante Jehová de ser espiritualmente fuertes, capaces de formar un matrimonio sólido que merezca la aprobación divina. Miles de parejas cristianas pueden dar testimonio de que el ministerio de tiempo completo es un excelente punto de partida para un matrimonio feliz, debido a que este servicio pone el acento en dar más bien que en recibir.
                                                
19 Algunos cristianos se ‘mantienen alejados de los abrazos’ al optar por permanecer solteros por motivo de las buenas nuevas (Eclesiastés 3:5). Otros posponen el matrimonio hasta que creen que están cualificados espiritualmente para atraer a la pareja apropiada. Recordemos también a aquellos cristianos solteros que anhelan la intimidad y beneficios del matrimonio, pero que no encuentran cónyuge. Podemos tener la seguridad de que Jehová se regocija de que estos no pasen por alto los principios divinos al buscar pareja. Asimismo hacemos bien en valorar su lealtad y ofrecerles el apoyo apropiado que merecen.
                                                
20 ¿Deberían en ocasiones ‘mantenerse alejadas de los abrazos’ incluso las parejas casadas? En un sentido sí, pues Pablo hizo la siguiente observación: “Esto digo, hermanos: el tiempo que queda está reducido. En adelante, los que tienen esposas sean como si no tuvieran” (1 Corintios 7:29). En consecuencia, a veces es necesario relegar a un lugar secundario los gozos y beneficios del matrimonio por causa de las responsabilidades teocráticas. Un punto de vista equilibrado sobre este asunto no debilitará al matrimonio, sino más bien lo fortalecerá, pues ayudará a recordar a ambos cónyuges que Jehová siempre debe ser la principal figura estabilizadora en su relación (Eclesiastés 4:12).
                                                
21 Además, algunas parejas han decidido no tener hijos a fin de estar más libres para llevar a cabo su servicio a Dios. Esto ha supuesto un sacrificio de su parte, y Jehová las recompensará por ello. A propósito, aunque la Biblia anima a la soltería por causa de las buenas nuevas, no hace ningún comentario explícito sobre permanecer sin hijos por el mismo motivo (Mateo 19:10-12; 1 Corintios 7:38; compárese con Mateo 24:19 y Lucas 23:28-30). Por lo tanto, los matrimonios deben tomar su propia decisión sobre la base de sus circunstancias personales y de su propia conciencia y sentimientos. Sin importar lo que decidan, no se les debe criticar.
                                                
22 En efecto, “para todo hay un tiempo señalado, aun un tiempo para todo asunto bajo los cielos”. Hasta hay “tiempo para guerra y tiempo para paz” (Eclesiastés 3:1, 8). El siguiente artículo explicará por qué es importante que determinemos para cuál de estas dos acciones es tiempo ahora.
                                                
*** w99 1/10 págs. 10-14 Se acerca un “tiempo para paz”                                
“Para todo hay un tiempo señalado, [...] tiempo para guerra y tiempo para paz.” (ECLESIASTÉS 3:1, 8.)
LA MAYORÍA de las personas anhelan la paz, y con buena razón. En el siglo XX ha habido menos paz que en cualquier otro siglo de la historia. Este hecho es irónico, pues nunca antes se hizo tanto para garantizar la paz. En 1920 se formó la Sociedad de Naciones. En 1928 se suscribió el Pacto Kellogg- Briand, que una obra de consulta llama “la más grandiosa de una serie de iniciativas en favor de la paz posteriores a la I Guerra Mundial”. Lo suscribieron “casi todas las naciones del mundo [...] concordando en renunciar a la guerra como instrumento de política nacional”. Luego, en 1945, se formó la Organización de las Naciones Unidas para reemplazar a la desaparecida Sociedad de Naciones.
                                                
Al igual que la Sociedad de Naciones, el objetivo declarado de las Naciones Unidas es garantizar la paz mundial. Pero su éxito ha sido limitado. Es cierto que en ningún lugar del mundo se está librando ningún conflicto de la magnitud de las dos guerras mundiales. No obstante, decenas de contiendas menores están arrebatando a centenares de miles de personas su tranquilidad de ánimo, sus bienes y, muchas veces, su misma vida. ¿Podemos esperar que las Naciones Unidas conviertan el siglo XXI en un “tiempo para paz”?
                                                
El fundamento de la paz verdadera
                                                
La paz entre los pueblos y las naciones requiere más que solo tolerancia. ¿Puede alguien realmente estar en paz con otra persona a quien odia? No, según 1 Juan 3:15: “Todo el que odia a su hermano es homicida”. Como prueba la historia reciente, los odios arraigados a menudo se tornan en actos de violencia.
                                                
Como Jehová es “el Dios que da paz”, esta solo la pueden experimentar las personas que aman a Dios y respetan profundamente sus justos principios. Está claro que Jehová no concede la paz a todos. “No hay paz —ha dicho mi Dios— para los inicuos.” Es así porque los inicuos no se dejan guiar por el espíritu santo de Dios, uno de cuyos frutos es la paz (Romanos 15:33; Isaías 57:21; Gálatas 5:22).
                                                
Guerrear contra otros seres humanos, como lo han hecho muy a menudo los que se llaman cristianos, particularmente en este siglo XX, les resulta impensable a los cristianos verdaderos (Santiago 4:1-4). Es cierto que ellos guerrean contra las enseñanzas que representan a Dios en falsos colores, pero este guerrear tiene como objetivo ayudar a las personas, no perjudicarlas. El cristianismo verdadero es totalmente contrario a la persecución por razón de divergencias religiosas y a la violencia física por motivos nacionalistas. “Si es posible, en cuanto dependa de ustedes —dijo Pablo a los cristianos de Roma—, sean pacíficos con todos los hombres.” (Romanos 12:17-19; 2 Timoteo 2:24, 25.)
                                                
Hoy la paz de origen divino se halla únicamente entre los verdaderos adoradores de Jehová Dios (Salmo 119:165; Isaías 48:18). Las diferencias políticas no perturban su unidad, pues, sin importar dónde vivan, mantienen una postura de neutralidad en los asuntos políticos (Juan 15:19; 17:14). Puesto que están “aptamente unidos en la misma mente y en la misma forma de pensar”, ningún tipo de discrepancia religiosa amenaza su paz (1 Corintios 1:10). La paz de que disfrutan los testigos de Jehová es un milagro de tiempos modernos, un milagro que Dios ha producido de acuerdo con su promesa: “Nombraré la paz como tus superintendentes, y la justicia como los que te asignan tus tareas” (Isaías 60:17; Hebreos 8:10).
                                                
¿En qué sentido hay un “tiempo para guerra”?
                                                
Pese a su postura pacífica, los testigos de Jehová consideran que este es principalmente un “tiempo para guerra”. No una guerra literal, por supuesto, pues obligar por la fuerza de las armas a la gente a aceptar el mensaje bíblico contradiría la invitación de Dios: “Cualquiera quedesee, tome gratis el agua de la vida” (Revelación 22:17). No hay lugar en el cristianismo para las conversiones forzadas. El guerrear que llevan a cabo los testigos de Jehová es estrictamente espiritual. Pablo escribió: “Las armas de nuestro guerrear no son carnales, sino poderosas por Dios para derrumbar cosas fuertemente atrincheradas” (2 Corintios 10:4; 1 Timoteo 1:18).
                                                
La principal de “las armas de nuestro guerrear” es “la espada del espíritu, es decir, la palabra de Dios” (Efesios 6:17). Esta espada es poderosa. “La palabra de Dios es viva, y ejerce poder, y es más aguda que toda espada de dos filos, y penetra hasta dividir entre alma y espíritu, y entre coyunturas y su tuétano, y puede discernir pensamientos e intenciones del corazón.” (Hebreos 4:12.) Los cristianos pueden derrumbar con ella “razonamientos y toda cosa encumbrada que se levanta contra el conocimiento de Dios” (2 Corintios 10:5). Les permite poner al descubierto doctrinas falsas, prácticas perjudiciales y filosofías que reflejan la sabiduría humana y no la divina (1 Corintios 2:6-8; Efesios 6:11-13).
                                                
Otro tipo de guerrear espiritual es el que se lleva a cabo contra la carne pecaminosa. Los cristianos siguen el ejemplo de Pablo, quien admitió: “Aporreo mi cuerpo y lo conduzco como a esclavo, para que, después de haber predicado a otros, yo mismo no llegue a ser desaprobado de algún modo” (1 Corintios 9:27). A los cristianos de Colosas se les aconsejó que amortiguaran “los miembros de su cuerpo que están sobre la tierra en cuanto a fornicación, inmundicia, apetito sexual, deseo perjudicial y codicia, que es idolatría” (Colosenses 3:5). Y el escritor bíblico Judas exhortó a los cristianos a luchar “tenazmente por la fe que una vez para siempre fue entregada a los santos” (Judas 3). ¿Por qué debemos hacerlo? Pablo contesta: “Si ustedes viven de acuerdo con la carne, de seguro morirán; pero si por el espíritu hacen morir las prácticas del cuerpo, vivirán” (Romanos 8:13). En vista de estas claras palabras, debemos seguir luchando sin cesar contra las malas tendencias.
                                                
10 Otra razón por la que puede considerarse el presente como un tiempo para guerra es que “el día de la venganza de parte de nuestro Dios” es inminente (Isaías 61:1, 2). En 1914 llegó el tiempo señalado de Jehová para establecer el Reino Mesiánico y autorizarlo a guerrear contra el sistema de Satanás. El tiempo que se le concedió al hombre para experimentar con el gobierno humano sin la interferencia divina expiró entonces. En vez de aceptar al Gobernante Mesiánico de Dios, la mayoría de la gente sigue rechazándolo, tal como sucedió en el siglo primero (Hechos 28:27). En consecuencia, ante tal oposición al Reino, Cristo se ha visto obligado a ‘ir sojuzgando en medio de sus enemigos’ (Salmo 110:2). Afortunadamente, Revelación 6:2 promete que él ‘completará su victoria’. Lo hará durante “la guerra del gran día de Dios el Todopoderoso [...], que en hebreo se llama Har–Magedón” (Revelación 16:14, 16).
                                                
Este es “tiempo de hablar”
                                                
11 Desde la fecha trascendental de 1914 han pasado ya ochenta y cinco años. Jehová ha sido sumamente paciente con la humanidad, al tiempo que ha hecho a sus Testigos plenamente conscientes de la urgencia de la situación. Millones de vidas están en juego. Estas multitudes de personas necesitan ser advertidas, pues “Jehová [...] no desea que ninguno sea destruido; más bien, desea que todos alcancen el arrepentimiento” (2 Pedro 3:9). No obstante, pronto llegará, “la revelación del Señor Jesús desde el cielo con sus poderosos ángeles”. Entonces todos los que hayan rechazado voluntariamente el mensaje del Reino de Dios experimentarán la “venganza” que Jesús traerá “sobre los que no conocen a Dios y sobre los que no obedecen las buenas nuevas acerca de nuestro Señor Jesús” (2 Tesalonicenses 1:6-9).
                                                
12 ¿Cuándo terminará finalmente la paciencia de Jehová? No tiene sentido especular sobre cuándo va a empezar la “gran tribulación”. Jesús dijo con claridad: “Respecto a aquel día y hora nadie sabe”. Por otra parte, advirtió: “Manténganse alerta, pues, porque no saben en qué día viene su Señor. [...] Demuestren estar listos, porque a una hora que no piensan que es, viene el Hijo del hombre” (Mateo 24:21, 36, 42, 44). En pocas palabras, esto significa que todos los días deberíamos estar alertas a los sucesos mundiales teniendo en cuenta el estallido de la gran tribulación (1 Tesalonicenses 5:1-5). Es muy peligroso pensar que podemos tomárnoslo con calma, viviendo supuestas vidas normales a la espera de acontecimientos. Jesús dijo: “Presten atención a sí mismos para que sus corazones nunca lleguen a estar cargados debido a comer con exceso y beber con exceso, y por las inquietudes de la vida, y de repente esté aquel día sobre ustedes instantáneamente como un lazo” (Lucas 21:34, 35). Podemos estar seguros de esto: los “cuatro vientos” de destrucción que en la actualidad retienen los “cuatro ángeles” de Jehová no seguirán retenidos para siempre (Revelación 7:1-3).
                                                
13 En vista de que se está acercando el día de ajuste de cuentas, las palabras de Salomón en cuanto a que hay un “tiempo de hablar” adquieren un significado especial (Eclesiastés 3:7). Habiendo reconocido que ahora es en realidad el tiempo de hablar, cerca de seis millones de testigos de Jehová están hablando celosamente acerca de la gloriosa gobernación de Dios y advirtiendo del día de la venganza. Se ofrecen voluntariamente en este día de la fuerza militar de Cristo (Salmo 110:3; 145:10-12).
                                                
Los que hablan de “paz, cuando no hay paz”
                                                
14 Durante el siglo VII a.E.C., los profetas Jeremías y Ezequiel comunicaron mensajes divinos de juicio contra Jerusalén por su ingobernable proceder de desobediencia a Dios. La destrucción que predijeron tuvo lugar en 607 a.E.C., aunque algunos guías religiosos prominentes e influyentes habían contradicho a los mensajeros de Dios. Aquellos guías demostraron ser ‘profetas estúpidos, que descarriaron al pueblo de Dios, diciendo: “¡Hay paz!, cuando no hay paz”’ (Ezequiel 13:1-16; Jeremías 6:14, 15; 8:8-12).
                                                
15 Tal como los “profetas estúpidos” de aquel tiempo, la mayoría de los líderes religiosos actuales tampoco están advirtiendo a la gente en cuanto al venidero día de juicio de Dios. Por el contrario, hablan con optimismo de que los organismos políticos terminarán consiguiendo la paz y la seguridad. Con más ansia de agradar a los hombres que a Dios, dicen a sus feligreses lo que estos quieren oír, en vez de explicarles que el Reino de Dios está establecido y que el Rey Mesiánico pronto completará su victoria (Daniel 2:44; 2 Timoteo 4:3, 4; Revelación 6:2). Puesto que son falsos profetas, también hablan de “paz, cuando no hay paz”. Pero su convencimiento pronto se tornará en horror repentino cuando tengan que enfrentarse a la furia de Aquel al que han representado en falsos colores y a cuyo nombre han causado indecible oprobio. Los guías del imperio mundial de la religión falsa, al que la Biblia describe como una mujer inmoral, se atragantarán con sus propios gritos engañosos de paz (Revelación 18:7, 8).
                                                
16 El hecho de que la mayoría de los líderes prominentes e influyentes persistan en su promesa hipócrita de paz, no hace tambalear la confianza de los que tienen fe en la promesa de Dios de traer verdadera paz. Por más de un siglo los testigos de Jehová se han ganado la reputación de ser leales defensores de la Palabra de Dios, valientes adversarios de la religión falsa y resueltos partidarios del Reino de Dios. Lejos de arrullar a la gente con almibaradas promesas de paz, se esfuerzan diligentemente por despertarla y concienciarla de la realidad de que hoy es tiempo de guerra (Isaías 56:10-12; Romanos 13:11, 12; 1 Tesalonicenses 5:6).
                                                
Jehová rompe su silencio
                                                
17 Salomón también dijo: “El Dios verdadero juzgará tanto al justo como al inicuo, porque hay un tiempo para todo asunto” (Eclesiastés 3:17). En efecto, Jehová tiene un tiempo señalado para ejecutar su sentencia sobre la religión falsa y sobre “los reyes de la tierra [que] toman su posición [...] contra Jehová y contra su ungido” (Salmo 2:1-6; Revelación 16:13-16). Una vez que llegue este tiempo, los días de Jehová de ‘quedarse callado’ habrán terminado (Salmo 83:1; Isaías 62:1; Jeremías 47:6, 7).
                                
Por medio de su Rey Mesiánico, Jesucristo, ‘hablará’ en el único lenguaje que parecen entender sus oponentes: “Como hombre poderoso Jehová mismo saldrá. Como guerrero despertará celo. Gritará, sí, soltará un grito de guerra; sobre sus enemigos se mostrará más poderoso. ‘He estado callado por largo tiempo. Continué silencioso. Seguí ejerciendo autodominio. Como una mujer que está dando a luz voy a gemir, jadear y boquear a la misma vez. Devastaré montañas y colinas, y secaré toda su vegetación. Y ciertamente tornaré ríos en islas, y secaré los estanques llenos de cañas. Y ciertamente haré que los ciegos anden por un camino que no han conocido; en una vereda que no han conocido haré que pisen. Tornaré un lugar oscuro delante de ellos en luz, y terreno escabroso en tierra llana. Estas son las cosas que ciertamente les haré, y de seguro no los dejaré’” (Isaías 42:13-16).
                                                
18 Cuando Jehová ‘hable’ en defensa de su divinidad, sus siervos ya no tendrán que hablar en su propia defensa. Entonces les tocará a ellos ‘estar callados’. Les serán aplicables estas palabras, como lo fueron a los siervos de Dios de tiempos pasados: “No tendrán que pelear en esta ocasión. Tomen su posición, esténse quietos y vean la salvación de Jehová a favor de ustedes” (2 Crónicas 20:17).
                                                
19 ¡Qué aplastante derrota para Satanás y su organización! Los hermanos glorificados de Cristo tomarán parte en esa notable victoria en favor de la justicia, según la siguiente promesa: “Por su parte, el Dios que da paz aplastará a Satanás bajo los pies de ustedes en breve” (Romanos 16:20). El tiempo tan esperado para la paz está ya cercano.
                                                
20 ¡Qué gran bendición supondrá para todos aquellos que vivan en la Tierra como supervivientes de esta extraordinaria manifestación del poder de Jehová! Poco después se unirán a ellos los hombres y las mujeres fieles del pasado cuyo tiempo señalado para la resurrección habrá llegado. El Reinado de Mil Años de Cristo será verdaderamente “tiempo de plantar [...]; tiempo de sanar; [...] tiempo de edificar; [...] tiempo de reír; [...] tiempo de dar saltos; [...] tiempo de abrazar; [...] tiempo de amar”. Sí, y será por siempre “tiempo para paz” (Eclesiastés 3:1-8; Salmo 29:11; 37:11; 72:7).
                                                
*** w09 1/3 pág. 5 Todo tiene su momento ***
                                                
Después de mencionar varias cosas que parecen tener “un tiempo señalado”, Salomón indicó: “Dios ha dado a los hijos de la humanidad en qué ocuparse. Todo lo ha hecho bello a su tiempo” (Eclesiastés 3:10, 11).
                                                
En efecto, el ser humano puede ocupar su vida en diversas actividades, y Salomón indicó algunas de ellas. Además, Dios nos ha concedido libertad de decisión, por lo que cada uno puede elegir qué hacer.
                                                
*** w77 15/7 pág. 444 ¿Qué quiso decir el sabio? ***
                                                
Regocíjese con lo que Dios provee
                                                
Entonces, ¿qué proceder es aconsejable que uno siga? Salomón recomienda obtener disfrute sano de la vida, ver el bien del trabajo duro, en vez de tratar en vano de modificar lo que Dios ha provisto. Leemos sus palabras adicionales: “He llegado a saber que no hay nada mejor para ellos que regocijarse y hacer el bien
                                                
durante la vida de uno; y también que todo hombre coma y realmente beba y vea el bien por todo su duro trabajo. Es el don de Dios. He llegado a saber que todo lo que el Dios verdadero hace, resultará ser hasta tiempo indefinido. A ello no hay nada que añadir y de ello no hay nada que sustraer; sino que el Dios verdadero mismo lo ha hecho, para que la gente tema a causa de él.”—Ecl. 3:12-14; 5:18.
                                                
Los asuntos humanos, incluso el nacimiento y la muerte, suceden dentro de un marco que los hombres no pueden alterar.                                
Esto continuará mientras cumpla con el propósito de Dios. De modo que evidentemente es tocante a que hay “un tiempo para todo asunto bajo los cielos” que dijo Salomón: “He llegado a saber que todo lo que el Dios verdadero hace, resultará ser hasta tiempo indefinido.” (Ecl. 3:14) El hombre sencillamente no puede hacer nada en cuanto a la situación que existe en la Tierra por el permiso o por la dirección de Dios. El poderoso rey Nabucodonosor, por ejemplo, se vio obligado a reconocer esto: “A todos los habitantes de la tierra se les está considerando como meramente nada, y él está haciendo conforme a su propia voluntad entre el ejército de los cielos y los habitantes de la tierra. Y no existe nadie que pueda detener su mano o que pueda decirle: ‘¿Qué has estado haciendo?’” (Dan. 4:35) Ningún esfuerzo por añadir o sustraer tendrá éxito, ya que el patrón general de la vida en la Tierra continúa debido al permiso y propósito de Dios. El hecho de que no se pueda comprender humanamente todo el alcance de la obra de Dios en este campo debería llenar de temor o pavor reverente a la humanidad.
                                                
Al mismo tiempo, la historia humana muestra que en los acontecimientos de la Tierra hay ciclos reiterativos de nacimiento y muerte, guerra y paz, risa y lloro, etcétera. Estos ciclos reiterativos enlazan el pasado, el presente y el futuro. Por lo tanto, Salomón pudo decir: “Lo que sucede que ha sido, ya había sido, y lo que ha de llegar a ser ya ha resultado ser.” Sin embargo, las siguientes palabras que escribió no se comprenden con gran facilidad. Salomón declaró: “El Dios verdadero mismo continúa buscando aquello tras lo cual se sigue.” (Ecl. 3:15) Esto pudiera aludir al hecho de que con frecuencia los inicuos persiguen a los justos. Dios ‘busca’ el bien de sus siervos y, puesto que tiene pleno control del pasado, el presente y el futuro, puede hacer que los males de los perseguidores inicuos alcancen a éstos y puede ejecutar justicia para los justos. O el pasaje pudiera querer decir que, aunque los ciclos reiterativos continúan y realmente no parece haber nada nuevo, podemos estar seguros de que Dios está desarrollando su buen propósito. Por eso, aunque el hombre quizás no pueda controlar ciertas circunstancias, el Altísimo siempre puede resolver los asuntos de modo que resulte lo mejor para sus siervos obedientes.
                                                
Esto consuela, pues en este mundo imperfecto uno no debe esperar que los hombres hagan lo justo en cada caso. Salomón describió bien la situación: “Además he visto bajo el sol el lugar de la justicia donde había iniquidad y el lugar de la rectitud donde estaba la iniquidad.” (Ecl. 3:16) Uno correctamente espera justicia de un tribunal de ley. Pero pudiera suceder que reinaran el soborno y la parcialidad y fuera imposible que muchas personas recibieran lo que justamente les correspondería. ¿Cómo se pueden rectificar todas estas injusticias? Salomón contesta: “El Dios verdadero juzgará tanto al justo como al inicuo, porque hay un tiempo para todo asunto y respecto a toda obra allá.” (Ecl. 3:17) Por eso, en vez de preocuparse por lo que suceda en el mundo, el sabio espera pacientemente en Dios, quien actuará a Su tiempo señalado y para el bien duradero de Su pueblo fiel.—1 Sam. 26:7-10; Sal. 37:12, 13.
                                                
*** w77 1/8 pág. 465 ¿Qué quiso decir el sabio? ***
                                                
‘Para que vean que son bestias’
                                                
Los hombres quizás se enorgullezcan de sus aptitudes y conocimiento. Sin embargo, en lo que toca a la manera en que la vida tiene su fin, los hombres no están en mejores circunstancias que las bestias irracionales. El sabio rey Salomón hizo notar esto, diciendo: “Yo, yo mismo, he dicho en mi corazón tocante a los hijos de la humanidad que el Dios verdadero va a seleccionarlos, para que vean que ellos mismos son bestias. Porque hay un suceso resultante con respecto a los
                                
hijos de la humanidad y un suceso resultante con respecto a la bestia, y ellos tienen el mismo suceso resultante. Como muere el uno, así muere la otra; y todos ellos tienen un solo espíritu, de modo que no hay superioridad del hombre sobre la bestia, porque todo es vanidad. Todos están yendo a un solo lugar. Todos procedentes del polvo han llegado a ser, y todos están volviendo al polvo.”—Ecl. 3:18-20.
                                                
Exactamente antes de presentar este pensamiento, Salomón escribió: “El Dios verdadero juzgará tanto al justo como al inicuo, porque hay un tiempo para todo asunto y respecto a toda obra allá.” (Ecl. 3:17) Por eso, en el versículo 18, cuando Salomón dice que Dios ‘selecciona’ o ‘entresaca’ a los seres humanos, ello quizás signifique que lo que él les suministra a modo de oportunidades, así como las cosas que les permite experimentar, incluso problemas e incertidumbres, con el tiempo revelan si son justos o inicuos. El hecho de que la vida esté llena de dificultades e incertidumbres y finalmente termine en la muerte debe demostrarles indisputablemente a los hombres que, en lo que toca a su propio poder, al fin son como bestias. El mismo espíritu o fuerza de vida, que es sostenido por la respiración, anima tanto al hombre como a la bestia. Después de morir, tanto el hombre como la bestia regresan al polvo sin vida.—Ecl. 9:4-6. Con la observación humana como único fundamento, nadie puede contestar la siguiente pregunta que presenta Salomón: “¿Quién hay que conozca el espíritu de los hijos de la humanidad, si está ascendiendo hacia arriba; y el espíritu de la bestia, si está descendiendo hacia abajo a la tierra?”—Ecl. 3:21.
                                                
Puesto que la muerte acaba con todas las actividades del ser humano tal como en el caso de una simple bestia, Salomón concluye: “He visto que no hay nada mejor que el que el hombre se regocije en sus obras, pues ésa es su porción; porque ¿quién lo hará venir para que mire lo que va a ser después de él?” (Ecl. 3:22) La sabiduría dicta que uno obtenga disfrute saludable de su duro trabajo. Después que uno muere, cesa de participar por completo en las actividades humanas. Como cadáver sin vida, no puede ni siquiera ver lo que está sucediendo entre la humanidad.—Ecl. 9:5, 10.
                                                
El recordar que la muerte puede hacer que una persona quede hecha nada, exactamente como le sucede a una bestia irracional, debe tener en nosotros el efecto de hacernos ver las cosas con seriedad. Nos debe recordar la importancia de utilizar nuestra vida para lo que es bueno, a pesar de las incertidumbres y los problemas. Esto también debe movernos a buscar a Dios, reconociendo que toda expectativa de vida futura después de la muerte depende de él.
                                                
*** w77 15/8 pág. 507 ¿Qué quiso decir el sabio? ***
                                                
La inhumanidad del hombre para con el hombre
                                                
Por mucho tiempo la familia humana ha experimentado terrible opresión e injusticia. Basándose en sus observaciones hechas hace casi 3.000 años, el rey Salomón escribió: “Yo mismo me volví para poder ver todos los actos de opresión que se están haciendo bajo el sol, y, ¡mira! las lágrimas de los que estaban siendo oprimidos, pero no tenían consolador; y de parte de sus opresores había poder, de modo que no tenían consolador. Y felicité a los muertos que ya habían muerto más bien que a los vivos que vivían todavía. De modo que mejor que ambos es el que todavía no ha llegado a ser, que no ha visto la obra calamitosa que se está haciendo bajo el sol.”—Ecl. 4:1-3. Evidentemente al principio Salomón solo había notado de paso la inhumanidad del hombre para con el hombre. Sin embargo, ‘al volver,’ es decir, al reconsiderar el asunto, quedó aterrado por lo grande que era en realidad la opresión. Debido a que los opresores tenían el poder o la autoridad, a los oprimidos se les obligaba a aguantar su situación lastimera sin que nadie les ofreciera simpatía ni consuelo. Tan angustiosa era la situación, que Salomón llegó a la conclusión de que los muertos estaban en mejores circunstancias, pues ya no tenían que sufrir los efectos perjudiciales de la injusticia. Considerado desde este punto de vista, el que no ha nacido está en mejores circunstancias todavía, porque no tiene que ver ni experimentar en absoluto esta terrible calamidad.
                                                
¡Con cuánto vigor ilustra esto lo incapacitado que está el hombre en cuanto a erradicar la injusticia y la tiranía! Ni siquiera el rey Salomón, con toda su sabiduría y autoridad, podía acabar con la miseria que brota de la imperfección humana. Solo Jehová Dios, por medio de Jesucristo, puede hacer esto. Ciertamente son buenas nuevas Su promesa de eliminar la angustia al tiempo que es más apropiado para todo el que eso necesita.—Rev. 21:3, 4.
                                                
w99 1/11 pág.32 Cómo equilibrar el trabajo y el tiempo libre “EL TIEMPO libre es una prenda hermosa, pero no conviene llevarla puesta siempre.” Con estas palabras ilustró acertadamente un escritor anónimo el valor del tiempo libre. No obstante, con ellas indicó que dicho tiempo debe equilibrarse con actividades productivas.
El escritor bíblico Salomón también habló bajo inspiración de este asunto. Este rey sabio mencionó dos extremos que deben evitarse.
En primer lugar, dijo: “El estúpido está cruzando las manos y está comiendo su propia carne” (Eclesiastés 4:5). Sí, la pereza puede llevar a la pobreza. Como consecuencia, puede poner en peligro la salud, e incluso la vida, del perezoso. Por otro lado, algunas personas lo sacrifican todo por causa del trabajo arduo. Salomón dijo que el incesante trabajo duro de tales personas era “vanidad y un esforzarse tras el viento” (Eclesiastés 4:4).
Con razón Salomón recomendó el equilibrio: “Mejor es un puñado de descanso que un puñado doble de duro trabajo y esforzarse tras el viento” (Eclesiastés 4:6). La persona debe poder ‘ver el bien a causa de su duro trabajo’, es decir, ha de apartar tiempo periódicamente para disfrutar de lo que ha ganado (Eclesiastés 2:24). Y debe concentrarse en otros asuntos de la vida además del trabajo seglar. Nuestra familia merece parte de nuestro tiempo. Salomón recalcó que nuestra obligación primordial no es el trabajo seglar, sino el servicio a Dios (Eclesiastés 12:13). ¿Está usted entre los que tienen un punto de vista equilibrado en cuanto al trabajo?
                                                
*** w87 15/9 pág. 24 “Teme al Dios verdadero y guarda sus mandamientos” ***
                                                
Lección que aprendemos: Ahora es cuando debemos buscar primero el Reino de Dios, más bien que buscar lo que satisface nuestra ambición personal (3:1). Debemos trabajar en cooperación con nuestros compañeros cristianos más bien que en aislamiento (4:9-12). De ese modo podemos recibir la ayuda y el estímulo que necesitamos a pesar de las dificultades y la oposición.
                                                
*** w80 15/8 pág. 27 “Mejores son dos que uno” *** “Mejores son dos que uno”
PARA que seamos felices, tenemos que sentir que se nos aprecia y se nos quiere... sí, que se nos ama. Y para ser amados, nosotros mismos tenemos que ser amorosos. Debemos estar dispuestos a incluir a otras personas en nuestras actividades. El sabio rey Salomón dijo: “Mejores son dos que uno, porque tienen un buen galardón por su duro trabajo.”—Ecl. 4:9.
¿En qué consiste ese galardón? Salomón continúa: “Si cayese uno de ellos, el otro puede levantar a su socio. Pero ¿cómo será con el que está solo y cae cuando no hay otro que lo levante? Además, si dos se acuestan juntos, entonces ciertamente se calentarán; pero ¿cómo puede mantenerse caliente uno solo? Y si alguien pudiese sobreponerse a uno solo, dos juntos pudieran mantenerse firmes contra él.” (Ecl. 4:10-12) Por lo tanto, el trabajar con un buen compañero resulta en galardones en la forma de ayuda, estímulo y protección. Además, ¿no se le hace a usted más fácil efectuar un trabajo con un amigo, y no parece que el tiempo sencillamente vuela? Aun en el caso de una tarea desagradable, el sentido de que es un trabajo pesado pasa a último plano.
                                                
No es solo en asuntos seglares que un compañero confiable es una bendición. La obra vital de predicar las “buenas nuevas” es también una actividad en la que “mejores son dos que uno.” Esto se confirma por lo que Jesucristo hizo cuando encargó a los 70 discípulos proclamar: “El reino de Dios se ha acercado a ustedes.” Él “los envió de dos en dos.” Aquel arreglo sirvió bien para la edificación de ellos, y para ayuda mutua.-Luc. 10:1, 5-9.
                                                
*** w77 1/9 pág. 540-541 ¿Qué quiso decir el sabio? ***
                                                
Lo que vale un amigo
                                                
El individuo solitario que trabaja duro para acumular riquezas ciertamente lleva una vida vacía. El sabio rey Salomón escribió: “Existe uno solo, pero no el segundo [es decir, un hombre solo sin amigo o compañero]; además no tiene hijo ni hermano, pero no hay fin a todo su duro trabajo. También, sus ojos mismos no están satisfechos con riquezas: ‘¿Y para quién estoy trabajando duro y haciendo que mi alma carezca de cosas buenas?’ Esto también es vanidad, y es una ocupación calamitosa.” (Ecl. 4:8) ¡Cuán falta de significado es la vida del avaro que no tiene amigo, hijo ni hermano alguno y ni siquiera siega los beneficios de su duro trabajo! Simplemente sigue acumulando riquezas, pues no quiere gastar dinero en cosas que pudieran hacer su vida más cómoda y deleitable. Sin embargo, al morir se ve obligado a dejarlo todo. ¡Qué futilidad!
                                                
La persona que trabaja con un buen amigo está en circunstancias mucho mejores. Continúa el sabio: “Mejores son dos que uno, porque tienen un buen galardón por su duro trabajo.” (Ecl. 4:9) El trabajo de ambos juntos produce beneficios, “un buen galardón,” en forma de ayuda, consuelo y protección. El rey Salomón declara: “Si cayese uno de ellos, el otro puede levantar a su socio [Esto se debe a que no es probable que ambos caigan al mismo tiempo.] Pero ¿cómo será con el que está solo y cae cuando no hay otro que lo levante? Además, si dos se acuestan juntos [como cuando hay que pasar la noche al frío durante un viaje], entonces ciertamente se calentarán; pero ¿cómo puede mantenerse caliente uno solo? Y si alguien pudiese sobreponerse a uno solo [que pudiese estar viajando por un camino peligroso], dos juntos pudieran mantenerse firmes contra él. Y una cuerda triple [que es más fuerte que una que consta de una o dos hebras] no se puede romper en dos pronto.”—Ecl. 4:10-12.
                                                
¿Está usted viviendo en armonía con el espíritu de estas palabras? Definitivamente vale mucho el tener amigos confiables.
Hasta la posición más encumbrada es vanidad
                                                
Entre los seres humanos la popularidad suele ser efímera. La gente olvida rápidamente a la persona famosa cuando otra persona le cautiva el corazón. Ni siquiera los que alcanzan la posición más encumbrada son excepción a esto.
                                                
El sabio rey Salomón describió con apego a la realidad lo que puede sucederles a los gobernantes. Leemos: “Mejor es un niño necesitado pero sabio que un rey viejo pero estúpido, que no ha llegado a saber lo suficiente para que se le advierta ya más. Pues [evidentemente el niño] ha salido de la mismísima casa de encierro para llegar a ser rey, aunque en la gobernación real de éste había nacido como uno de escasos recursos.”—Ecl. 4:13, 14.
                                                
Un hombre pudiera creer que el tener la posición más encumbrada, la gobernación real, respaldada por su edad y experiencia, debería asegurarle respeto o apoyo público. Pero, a pesar de su posición y edad, a un rey no se le concede honor sincero si obra imprudentemente y rehúsa prestar atención al consejo sano de otros. La posición y la edad, en sí, no garantizan respeto. Por eso un niño necesitado pero sabio está en mejores circunstancias que un rey que en un tiempo hubiera gobernado sabiamente pero que en la vejez se hace obstinado en sus caminos y no presta ninguna atención al buen consejo. Por mala administración el rey viejo puede hundir a todo el reino en deuda desesperanzada, apartar de sí a sus súbditos y hasta puede ser depuesto y morir en ignominia. El joven que continúa obrando con sabiduría, por otra parte, puede ganarse el mismísimo respeto que no se le otorga a un rey viejo pero estúpido.
                                                
Como Salomón hizo notar, ese joven sabio hasta pudiera ser elevado de la casa de encierro a la gobernación real. Eso fue lo que le sucedió a José. Tan impresionado quedó el Faraón de Egipto que le dijo: “No hay nadie tan discreto y sabio como tú. Tú estarás personalmente sobre mi casa, y todo mi pueblo te obedecerá sin reserva. Solo en cuanto al trono seré yo más grande que tú.” (Gén. 41:39, 40) Así José fue ensalzado a gobernante segundo de Egipto.
                                                
En seguida, enfocando la atención en la manera caprichosa en que la gente responde a un cambio de gobernantes, escribe Salomón: “He visto a todos los vivientes que van andando de acá para allá bajo el sol, cómo sucede con el niño, que es segundo, que se pone de pie en el lugar del otro. No hay fin de toda la gente, de todos aquellos delante de quienes él se hallaba; tampoco se regocijará en él la gente después, pues esto también es vanidad y un esforzarse tras el viento.”—Ecl. 4:15, 16.
                                                
¿Qué quiso decir Salomón con la expresión “el niño, que es segundo”? Evidentemente se estaba refiriendo al sucesor del rey. “Los vivientes” están llenos de emoción por tener un nuevo gobernante. “No hay fin de toda la gente” delante de la cual se halla como rey. Esto significa que todos lo respaldan, que apoyan su gobernación. Pero su popularidad no continúa indefinidamente. Pronto llega el tiempo en que la gente ya no se complace en aquel a quien tanto aclamaba. Desilusionada ahora, cesa de regocijarse en él.
                                                
De modo similar, en tiempos modernos un conjunto de políticos es reemplazado por otro. Quizás haya entusiasmo inicial por cierto gobernador, primer ministro o presidente. Pero en poco tiempo la gente se disgusta con el individuo y sus normas. Pronto la gente comienza a buscar a otra persona para que tome en sus manos las riendas del gobierno.
                                                
Verdaderamente, entonces, hasta la posición más encumbrada resulta ser solo una fruslería, “vanidad.” ¡Cuán enérgicamente enfatiza esto que en este mundo la posesión más satisfactoria no es la posición, sino una buena relación con el Dios eterno, Jehová!
                                                
*** w87 15/9 págs. 24-25 “Teme al Dios verdadero y guarda sus mandamientos” ***
La adoración verdadera satisface
Lea los capítulos 5 y 6. Puesto que Jehová es todopoderoso, debemos tomar en serio nuestra relación con él, y no obrar como tontos y esperar que él acepte nuestro “sacrificio” (5:1, 2). El que teme a Dios recibe satisfacción de usar su caudal o riqueza material, pero el que la acapara no obtiene ningún disfrute. (Compárese 5:18-20 con 6:2, 3.)
Lección que aprendemos: En el lugar donde adoramos debemos comportarnos con la dignidad debida y prestar atención (5:1). También debemos estar prestos para cumplir con nuestras obligaciones ante Jehová. Si somos casados, esto incluye cumplir con nuestro voto matrimonial (5:4).
                                        
                                        
                                                
*** w06 1/11 pág. 14 Puntos sobresalientes del libro de Eclesiastés ***
5:2. Las oraciones deben caracterizarse por la meditación y la reverencia, no por la palabrería.
                                                
*** w06 1/11 págs. 14-15 Puntos sobresalientes del libro de Eclesiastés ***
5:3-7. La preocupación por los bienes materiales pudiera llevarnos a fantasear con metas egoístas e incluso perturbar nuestro descanso nocturno, volviendo el sueño agitado y ligero. Por otro lado, la abundancia de palabras quizás logre que uno parezca estúpido o que haga una promesa precipitada a Dios. Quien “teme al Dios verdadero” evitará ambas trampas.
*** g93 8/4 pág. 24 ¿Debemos pagar nuestros votos? ***
El punto de vista bíblico
¿Debemos pagar nuestros votos?
UNA pareja que podría ser feliz si no fuera por esta circunstancia se enfrenta a un verdadero problema. Hace años se encontraron inmersos en una situación familiar muy angustiosa e hicieron el voto de donar la décima parte de sus ingresos a Dios si él les ayudaba a salir del problema. Ahora son de edad avanzada y se enfrentan a dificultades económicas inesperadas, por lo que se preguntan: “¿Estamos obligados a cumplir con ese voto?”.
Su situación pone de relieve el consejo del sabio en contra del habla apresurada: “Mejor es que no hagas voto que el que hagas voto y no pagues. No permitas que tu boca haga pecar a tu carne; tampoco digas delante del ángel que fue una equivocación”. (Eclesiastés 5:5,
                                                
                                                
*** it-1 pág. 709 Distrito jurisdiccional ***                                        
El sistema de distritos jurisdiccionales que existía en la antigüedad dificultaba la vida de los pueblos sometidos. Así lo reconoce el sabio escritor de Eclesiastés. (Ec 5:8; véase PROVINCIA.)
                                                
*** w06 1/11 pág. 14 Puntos sobresalientes del libro de Eclesiastés***
5:9. ¿Qué quiere decir que “el provecho de la tierra está entre todos ellos”? Toda la gente depende del “provecho de la tierra”, es decir, de la producción de los campos. Y el rey no es la excepción, pues él mismo se sirve del duro trabajo de sus cultivadores para beneficiarse del fruto de la tierra.
                                                
*** g 4/06 pág. 5 La receta de la verdadera felicidad ***
                                                
De acuerdo con Richard Ryan, profesor de Psicología en Estados Unidos, cuanto más se busca la satisfacción en los bienes materiales, menos se encuentra. Así lo reconoció Salomón en la Biblia: “El que ama el dinero nunca se satisface con lo que tiene, siempre quiere más y más” (Eclesiastés 5:10, La Palabra de Dios para Todos [PDT]). Ocurre igual que con la picadura de un mosquito: cuanto más se rasca uno, más picor produce, hasta que de tanto rascarse acaba formándose una llaga.
                                                
*** w98 15/5 págs. 4-5 ¿Pueden hacerle feliz las riquezas?
                                                
Supongamos que alguien rico consigue aún más riquezas. Salomón dice: “Cuando las cosas buenas llegan a ser muchas, los que las comen ciertamente llegan a ser muchos” (Eclesiastés 5:11). Cuantas más “cosas buenas”, o posesiones, se tienen, más personas hacen falta para cuidarlas. Técnicos, empleados de mantenimiento, criados y personal de seguridad, entre otros: a todos hay que pagarles por sus servicios, lo que, a su vez, exige más y más dinero.
                                                
Esa situación tiene una incidencia directa en la felicidad del individuo. El historiador griego Jenofonte, quien vivió en el siglo IV a.E.C., puso por escrito los dichos de alguien que había pasado de ser pobre a tener riquezas:
“¿De modo [...] que supones que ahora yo disfruto tanto más de la vida cuando más poseo? ¿No sabes —prosiguió— que ahora como, bebo y duermo sin más placer en absoluto que cuando era pobre? Son muchas mis posesiones y sólo saco esto: más tengo que vigilar, más que distribuir entre los demás, y más preocupaciones que atender. Pues ahora son muchos los sirvientes que piden comida, muchos bebida y muchos otros vestido; otros necesitan médicos; el uno llega contando que los rebaños han sido devorados por lobos, o que sus bueyes se han precipitado por un barranco, o afirmando que una epidemia ha caído sobre el ganado. De suerte que [...] tengo la impresión de que peno ahora más por tener mucho, que antes por tener poco.”
                                                
w98 15/12 pág. 23 Cuando asaltan los ladrones armados
                                                
Cómo reducir la amenaza de ser asaltados
                                                
El sabio hizo esta observación hace mucho tiempo: “La abundancia que pertenece al rico no le permite dormir” (Eclesiastés 5:12). En otras palabras, a los que tienen muchas posesiones tal vez les inquiete tanto la posibilidad de perderlas que no pueden dormir tranquilos.
                                                
Por lo tanto, una manera de reducir la inquietud y la amenaza de ser asaltados es no acumular muchas posesiones costosas. El apóstol inspirado escribió: “Todo lo que hay en el mundo —el deseo de la carne y el deseo de los ojos y la exhibición ostentosa del medio de vida de uno— no se origina del Padre, sino que se origina del mundo” (1 Juan 2:16). Los mismos deseos que impulsan a ciertas personas a comprar artículos caros, impulsan a otras a robar. Y la “exhibición ostentosa del medio de vida de uno” puede ser una invitación a los que se inclinan a saquear.
                                                
*** w98 15/5 pág. 5-6 ¿Pueden hacerle feliz las riquezas? *
                                                
El amor al dinero no conduce a la felicidad
                                                
La preocupación del rico por sus posesiones puede impedirle descansar apaciblemente de noche. Salomón escribe: “Dulce es el sueño del que rinde servicio, sin importar que sea poco o mucho lo que coma; pero la abundancia que pertenece al rico no le permite dormir” (Eclesiastés 5:12).
                                                
Cuando la inquietud por la posible pérdida de las riquezas llega a extremos, el problema no es solamente la falta de sueño. Salomón escribe en cuanto al avariento: “Todos sus días él come en la oscuridad misma, con muchísima irritación, con enfermedad de su parte y causa para indignación” (Eclesiastés 5:17). En vez de encontrar la felicidad en la riqueza, come ‘con irritación’, como si le doliera gastar incluso el dinero de la comida. Esa actitud enfermiza contribuye a la mala salud, y esta, a su vez, aumenta la ansiedad del avariento, pues le dificulta amasar más riquezas.
                                                
Esta situación quizá nos recuerde lo que el apóstol Pablo escribió: “Los que están resueltos a ser ricos caen en tentación y en un lazo y en muchos deseos insensatos y perjudiciales, que precipitan a los hombres en destrucción y ruina. Porque el amor al dinero es raíz de toda suerte de cosas perjudiciales, y, procurando realizar este amor, algunos [...] se han acribillado con muchos dolores” (1 Timoteo 6:9, 10). Por dinero, la gente estafa, miente, roba, se prostituye y hasta asesina. Al final, termina acribillada de dolores de índole emocional, física y espiritual por tratar de hacerse con riquezas y retenerlas. ¿Parece este el camino a la felicidad? Claro que no.
                                                
Contentos con lo que tenemos
                                                
Salomón tenía más que decir en cuanto a ver las riquezas con equilibrio. Escribió: “Tal como uno ha salido del vientre de su madre, desnudo volverá a irse, tal como vino; y absolutamente nada puede uno llevarse por su duro trabajo, que pueda llevarse con la mano. ¡Mira! La mejor cosa que yo mismo he visto, la cual es bella, es que uno coma y beba y vea el bien por todo su duro trabajo con el cual trabaja duro bajo el sol por el número de los días de su vida que el Dios verdadero le ha dado, porque esa es su porción” (Eclesiastés 5:15, 18).
                                                
Estas palabras indican que la felicidad no estriba en la lucha por acumular una fortuna pensando en un futuro que tal vez nunca alcancemos a vivir. Es mucho mejor estar satisfechos y contentos con los frutos de nuestro duro trabajo. El apóstol Pablo expresó una idea parecida en la carta inspirada que dirigió a Timoteo: “Nada hemos traído al mundo, y tampoco podemos llevarnos cosa alguna. Teniendo, pues, sustento y con qué cubrirnos, estaremos contentos con estas cosas” (1 Timoteo 6:7, 8; compárese con Lucas 12:16-21).
                                                
*** w77 1/10 pág. 587 ¿Qué quiso decir el sabio? ***
                                                
Comentando sobre el buen efecto que esto tiene en el individuo, Salomón declara: “También a todo hombre a quien el Dios verdadero le ha dado riquezas y posesiones materiales, también lo ha facultado para comer de ello y para llevarse su porción y para regocijarse en su duro trabajo. Este es el don de Dios. Pues no se acordará frecuentemente de los días de su vida, porque el Dios verdadero lo tiene preocupado con el regocijo de su corazón.”—Ecl. 5:19, 20.
                                                
El hombre que reconoce su prosperidad como don de Dios no va a acumular avaramente las riquezas, sino que va a usarlas para llevar gozo a otros. Ese hombre tiene un punto de vista equilibrado de sus posesiones por dejar que la sabiduría piadosa le sirva de guía. Por lo tanto, obtiene disfrute personal de lo que tiene. Jehová Dios lo ha facultado para hallar placer en el alimento y la bebida en el sentido de que le concede al individuo la sabiduría de usar apropiadamente las cosas materiales. Al mismo tiempo ese individuo no se está preocupando indebidamente por la brevedad de la vida y sus problemas e incertidumbres. No, está obteniendo tanto disfrute de hacer lo bueno en su vida que los aspectos negativos no dominan su modo de pensar. Tiene un corazón gozoso.
                                                
Sin duda el que uno se esfuerce por obtener disfrute saludable en la vida es el proceder que muestra sabiduría. Lo protege a uno de la desilusión que sufren los que tienen la vida ocupada plenamente en actividades materialistas.
                                                
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Posesiones sin disfrute
                                                
En su inspección de los asuntos humanos, el sabio rey Salomón no pasó por alto las circunstancias que con frecuencia hacen imposible el que la gente disfrute de lo que tiene.
Tocante a cierta situación, escribió: “Existe una calamidad que he visto bajo el sol, y es frecuente entre la humanidad: un hombre a quien el Dios verdadero da riquezas y posesiones materiales y gloria y que, para su alma, no necesita ninguna de las cosas por las que muestra anhelo, y sin embargo el Dios verdadero no lo habilita para comer de ello, aunque un mero extranjero puede comerlo. Esto es vanidad y es una enfermedad mala.”—Ecl. 6:1, 2.
                                                
El Todopoderoso le permite a cualquier individuo utilizar sus habilidades dadas por Dios para adquirir posesiones y conseguir reconocimiento o gloria entre sus contemporáneos. En ese sentido Salomón podía decir correctamente que Dios ‘da’ riquezas, posesiones materiales y gloria a tal hombre. Lamentablemente, sin embargo, aunque un hombre lo tuviera todo, las circunstancias pudieran impedir que disfrutara de esas posesiones.
                                                
Pudiera tener alimento sabroso y, no obstante, debido a algún desorden estomacal o intestinal, no poder disfrutar de ello. El caso de Nabucodonosor suministra una ilustración interesante. Consiguió la posición de gobernante mundial en Babilonia. Luego, Jehová Dios lo humilló a causa de su orgullo y lo privó de su cordura. Los deleites del palacio, entre ellos el alimento y el vino excelentes, ya no atraían en absoluto a Nabucodonosor. Imaginándose que era una bestia, salió del palacio lujoso y subsistió con pasto como si fuera un toro. Mientras Nabucodonosor se estaba perdiendo de los placeres de la vida de palacio, ‘meros extranjeros’ se beneficiaban de sus riquezas. Verdaderamente lo que le acaeció a Nabucodonosor fue un mal severo, “una enfermedad mala,” durante siete años.—Dan. 4:28-37.
                                                
Después, Salomón señaló que la larga vida y una familia grande en sí no bastan para una vida de satisfacción, de contentamiento. Continúa de este modo: “Si un hombre llegara a ser padre cien veces, y viviera muchos años, de modo que llegaran a ser numerosos los días de sus años, sin embargo su propia alma no está satisfecha con cosas buenas y aun el sepulcro no ha llegado a ser suyo [quizás dando a entender que anhela el sepulcro, como lo anhelaba Job en su aflicción (Job 3:11-22)], tengo que decir que mejor le va a uno que nace prematuramente que a él. Pues en vano ha venido éste [el que nace prematuramente] y en oscuridad se va, y con oscuridad quedará cubierto su propio nombre. Ni siquiera ha visto el sol mismo, ni lo ha conocido. Tiene descanso éste más bien que aquél. Aun suponiendo que haya vivido mil años dos veces y sin embargo no haya visto lo que es bueno, ¿no es a un solo lugar que todos están yendo?”—Ecl. 6:3-6.
                                                
En realidad, si uno no puede obtener disfrute de la vida, ¿de qué valor son aun una vida larga y muchos hijos? Sean las personas ricas o pobres, jóvenes o viejas, al morir todas van a un solo lugar... el sepulcro. Para el hombre que no tiene verdadero gozo en el vivir, una larga vida simplemente significa más problemas y dificultades por un espacio de tiempo más largo que para el que muere joven. El que nace prematuramente, un bebé que nace muerto, está en mejores circunstancias en el sentido de que jamás tiene que aguantar todas las penalidades de una vida vacía, de frustración.
                                                
Salomón escribe además: “Todo el duro trabajo de la humanidad es para su boca, pero aun su propia alma no se llena. Pues ¿qué ventaja le lleva el sabio al estúpido? ¿Qué tiene el afligido al saber andar enfrente de los vivientes? Mejor es el ver de los ojos que el andar de un lugar a otro del alma. Esto también es vanidad y un esforzarse tras el viento.”—Ecl. 6:7-9. La gente trabaja duro para conseguir lo que necesita para mantenerse viva; trabaja “para su boca.” Sin embargo esto rara vez satisface sus muchos deseos, los anhelos que tiene como alma. El hombre sabio, pero descontento, quizás trate de suprimir deseos que pudieran causar problemas, mientras que el tonto cede a ellos sin ejercer restricción. Evidentemente esto fue la base para estas preguntas de Salomón: “Pues ¿qué ventaja le lleva el sabio al estúpido? ¿Qué tiene el afligido al saber andar enfrente de los vivientes?” En el sentido de que tanto el sabio como el estúpido tienen deseos de molesta persistencia, el sabio no tiene ventaja alguna. De modo similar, el afligido quizás sepa ocultar sus deseos perturbadores delante de otros, pero esto todavía no los remueve. Puesto que no se ven realizados, continúan causándole perturbación. Él tampoco está en mejores circunstancias que el tonto. De modo que el proceder verdaderamente sabio es que la persona esté contenta, que disfrute de lo que tiene, de lo que puede ver con sus ojos, en vez de estar mirando con anhelo a otra cosa y estar dejando que su deseo del alma lo prive de la paz.
                                                
Otro factor que puede perturbar el contentamiento es no reconocer que sencillamente es imposible cambiar muchas cosas. Salomón declaró: “Cualquier cosa que haya llegado a ser, su nombre ya ha sido pronunciado, y se ha llegado a saber lo que es el hombre; y él no puede defender su causa con uno que es más poderoso que él.” (Ecl. 6:10) Un hombre pudiera alcanzar riquezas y posición. Pero sigue siendo solamente lo que se pronunció que era el primer hombre, el hombre terrestre, adham, una designación hebrea que se deriva de una raíz que significa “rojo” o “rubicundo.” Sí, continúa siendo terrestre, mortal. De modo que no puede hacer ninguna transacción para mantenerse vivo indefinidamente. El salmista expresó este pensamiento como sigue: “Ninguno de ellos puede de manera alguna redimir siquiera a un hermano, ni dar a Dios un rescate por él; (y el precio de redención del alma de ellos es tan precioso que ha cesado hasta tiempo indefinido) para que todavía viva para siempre y no vea el hoyo.”—Sal. 49:7-9.
                                                
A lo más, en este sistema de cosas, la vida es muy incierta. El tiempo y las circunstancias les acaecen a todos y aumentan la incertidumbre. Por esta razón, Salomón planteó estas preguntas: “Dado que existen muchas cosas que están causando mucha vanidad, ¿qué ventaja tiene un hombre? Pues ¿quién hay que sepa cuál es el bien que el hombre tiene en la vida por el número de los días de su vida vana, cuando él los pasa como una sombra? Pues ¿quién puede decirle al hombre lo que sucederá después de él bajo el sol?”—Ecl. 6:11, 12.
                                                
En vista del hecho de que la muerte acaba con todo el esforzarse y el luchar de una persona, ¿qué verdadera ventaja hay en las posesiones materiales o prominencia que pueda adquirir el hombre? ¿Quién realmente puede decir exactamente por qué meta mundana —riquezas, prominencia, poder— vale la pena esforzarse? ¡Cuán a menudo piensa la gente que algo es deseable y, luego, al obtenerlo, queda desilusionada, quizás hasta amargada! El hecho de que la vida sea tan breve, ‘que pase como una sombra,’ solo aumenta la vejación. No hay manera de recobrar el tiempo y volver uno a dirigir sus esfuerzos hacia otra meta. Además, debido a que no hay manera de determinar lo que sucederá después de la muerte de uno, el ir tras metas materialistas para el bien de los hijos y los nietos, mientras se excluyen las cosas espirituales, tampoco lleva a verdadera satisfacción.
                                                                                                                     http://testigosdejehova-archivo.blogspot.com/                                                www.jw-archive.org

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